El inventor de la web abomina del ‘monstruo de poder’ en que se ha convertido
Tim Berners-Lee denuncia en el aniversario de su creación, que popularizó internet, “el interés propio de varias corporaciones que han erosionado los valores de la web y han llevado al colapso”
JULIO MIRAVALLS | 5 de junio de 2024
El 12 de marzo de 1989, un ingeniero de computación británico llamado Tim Berners-Lee le presentó a su jefe en el CERN (el supercolisionador de hadrones instalado entre Ginebra y el borde fronterizo de Francia) un documento que proponía el desarrollo de un sistema de comunicación a través de internet utilizando hipertexto.
Ese fue el nacimiento de internet para la mayoría de la gente, aunque la red ya existía desde 1969. Lo que hizo Berners-Lee fue inventar la ‘World Wide Web’, la red en la que el uso del protocolo HTTP (Hypertext Transfer Protocol) permite enlazar unas páginas con otras.
Saltar de link en link y, usando el lenguaje HTML (HyperText Markup Language), construir páginas con un cierto diseño, son las bases del ‘internet para todos los públicos’ que entonces propuso Berners-Lee.
Su jefe se quedó con la propuesta, anotándola como “interesante idea”.
En noviembre de 1990, el propio Berners-Lee puso en funcionamiento el primer servidor web del mundo, sobre un ordenador Next (de la empresa que creó Steve Jobs cuando lo echaron de Apple), que hoy sigue encendido en un despachito del CERN, con un papel rotulado a mano en el que se advierte que “es un servidor” y no debe ser apagado.
Ahora, cuando se cumplen 35 años de aquel momento fundacional, Berners-Lee abomina de lo que la evolución ha hecho con su invento que, según lo plantea en un artículo publicado por el aniversario, se nos ha ido a todos de las manos.
Lo cuenta así: “Hace 5 años, cuando la web cumplió 30 años, denuncié algunas de las disfunciones causadas por el hecho de que la web esté dominada por el interés propio de varias corporaciones que han erosionado sus valores y la han llevado al colapso y ser dañina. Ahora, 5 años después, cuando nos acercamos al 35 aniversario de la Web, el rápido avance de la IA ha exacerbado estas preocupaciones, demostrando que los problemas en la web no están aislados, sino profundamente entrelazados con las tecnologías emergentes”.
El creador de la web explica que, cuan la inventó “su trayectoria era imposible de imaginar. No había una hoja de ruta para predecir el curso de su evolución, fue una odisea cautivadora llena de oportunidades y desafíos imprevistos. Detrás de toda su infraestructura estaba la intención de permitir la colaboración, fomentar la compasión y generar creatividad, lo que yo llamo las 3 C. Iba a ser una herramienta para empoderar a la humanidad”.
“La primera década de la web cumplió esa promesa: la web se descentralizó con una larga cola de contenido y opciones, creó comunidades pequeñas y más localizadas, proporcionó empoderamiento individual y fomentó un enorme valor. Sin embargo, en la última década, en lugar de encarnar estos valores, la web ha desempeñado un papel en su erosión. Las consecuencias son cada vez más trascendentales. Desde la centralización de las plataformas hasta la revolución de la IA, la web sirve como la capa fundamental de nuestro ecosistema en línea, un ecosistema que ahora está remodelando el panorama geopolítico, impulsando cambios económicos e influyendo en la vida de las personas en todo el mundo”.
«Concentración de poder»
Lamenta Berners-Lee “el grado de concentración de poder”, la segmentación que se ha producido y la lucha de las empresas dominadoras por “mantener a los usuarios enganchados a una plataforma para optimizar las ganancias a través de la observación pasiva del contenido”.
Y, como problema añadido, subraya “el mercado de datos personales que ha explotado el tiempo y los datos de las personas con la creación de perfiles profundos que permiten la publicidad dirigida y, en última instancia, el control sobre la información que se alimenta a las personas”.
Considerando que todo esto es particularmente grave “en este año de elecciones”, reprocha que las regulaciones legales no han servido para nada, “superadas por el rápido desarrollo de la innovación, lo que ha llevado a una brecha cada vez mayor entre los avances tecnológicos y la supervisión efectiva”.
Propugna reformar el sistema actual, “romper los silos de datos” y “crear condiciones de mercado en las que prospere una diversidad de opciones para alimentar la creatividad y pasar de los contenidos polarizados a un entorno formado por una diversidad de voces y perspectivas que fomenten la empatía y la comprensión”.
Berners-Lee pone esperanzas en un “nuevo paradigma” que da más relevancia a la “intención de los individuos” y ve surgir “una nueva generación de pioneros”, que identifica con las redes sociales Bluesky y Mastadon, aunque dice que “no se alimentan de nuestro compromiso”.
De un modo más concreto pide un cambio para “reformar la web” y sugiere que “parte de la solución es el Solid Protocol, una especificación y un movimiento para proporcionar a cada persona su propio ‘almacén de datos personales en línea’, conocido como POD”.
“Podemos devolver el valor que se ha perdido y restaurar el control sobre los datos personales. Con Solid, las personas deciden cómo se gestionan, utilizan y comparten sus datos. Este enfoque ya ha comenzado a echar raíces, como se ha visto en Flandes, donde cada ciudadano tiene ahora su propio POD después de que Jan Jambon anunciara hace cuatro años que todos los ciudadanos de Flandes deberían tener un POD. Este es el futuro de la propiedad y el control de los datos”.
Llamada a la acción
El inventor de la web llama a la acción advirtiendo de que “este movimiento emergente no sucederá de la noche a la mañana, sino que requiere apoyo para las personas que lideran la reforma, desde investigadores hasta inventores y defensores. Debemos amplificar y promover estos casos de uso positivos, y trabajar para cambiar la mentalidad colectiva de los ciudadanos globales”.
“La Web Foundation, que cofundé con Rosemary Leith, ha apoyado y seguirá apoyando y acelerando este sistema emergente y a las personas que lo respaldan. Sin embargo, existe una necesidad, una necesidad urgente, de que otros hagan lo mismo, respaldar al liderazgo moralmente valiente que está surgiendo, de colectivizar sus soluciones y cambiar el mundo en línea del dictado por las ganancias a uno que esté dictado por las necesidades de la humanidad”, añade.
Y concluye: “Sólo entonces el ecosistema en línea en el que vivimos alcanzará su máximo potencial y proporcionará las bases para la creatividad, la colaboración y la compasión”.
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