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¿Gobierno digitalizado? ¡Uy, qué risa!

Si la tecnología debiera ser una puerta de entrada más sencilla, eficiente y rápida para las gestiones ante la Administración pública... eso no reza con España

JULIO MIRAVALLS | 18 de junio de 2023
Lo más digital del Gobierno son los nombramientos de altos cargos. Todos a dedo. Aunque presuma de transición digital y de una secretaria de Estado de la cosa que se ha pasado la legislatura dando discursos sobre lo bien que iban los ceros y unos. Pero el valor de la digitalia gubernamental es más bien null. O sea, ni cero ni uno. Nada. Salvo para Hacienda, nuestro Gran Hermano, que lo sabe todo sobre cada uno de nosotros. Inexorable como la muerte.

Imagine que pierde la cartera con el DNI y el carnet de conducir (¡qué torpe!). Lo primero es presentar denuncia. Si no tiene una comisaría a mano, o anda demasiado ocupado para hacerlo cuanto antes, puede recurrir a la oficina virtual de denuncias de la Policía. Con el móvil ni lo intente, por listo que sea (el móvil). La web de Interior no está pensada para esas pantallas. No hay manera.

Con una tableta o un PC, quizás al quinto intento se consigue completar (método prueba/error) la misión... aunque sin poderse descargar el comprobante. Parece que el botón para hacerlo siempre acaba en error. Y hay 72 horas para ir personalmente a firmarla en comisaría. Obligatorio. Por si acaso, conviene sacar un pantallazo del registro para conservar la referencia.

¿DENUNCIA DIGITAL, DICE...?

Hecho. Dos días después vas a firmar y el agente en la puerta exclama: «¿Denuncia digital? No sé quién habrá hecho eso, pero no vale para nada. Le tenemos que tomar otra vez todos los datos. Si quiere esperar ahora, hay cola para un par de horas. O si no, venga a la noche, que no suele haber nadie...».



Hecho. Mejor por la noche. Ya en la oficina de denuncias, el agente de turno repite escéptico que «eso de la denuncia digital no vale para nada». Pero, discreto, lanza la búsqueda en el ordenador. Espera pacientemente unos interminables minutos hasta que, aburrido, dice: «Mejor le voy tomando los datos y lo hacemos de nuevas, porque esto [el PC] sigue pensando».

Hecho. Demostrado que la denuncia digital es inútil, el policía pregunta y anota todos los datos que ya estaban almacenados en la ficha de identificación del ciudadano, junto con su foto y sus huellas dactilares. Imprime una copia de lo que ha escrito, en la que se lee que alguien que dice ser yo, pero no puede demostrarlo, (claro, he perdido la documentación...) presenta denuncia por (bla, bla...). Tiene razón, sin DNI es imposible demostrar la identidad, así que toca firmar. Lo siguiente, pedir cita para obtener finalmente un duplicado del DNI perdido.

Hecho. Pero, ¿pedir cita? Eso hay que hacerlo online. No hay atajo. Con un poco de suerte será sólo cosa de esperar seis o siete semanas en la cola digital, porque el sistema está muy achuchado y no quedan huecos libres antes. Para entonces habrá que volver a comisaría, hacer el trámite presencial y te dan un rectángulo de plástico con foto, con el que poder decir que tú eres tú y demostrarlo.

Entre tanto, toca caminar por el mundo como un sin papeles. O, para acortar la clandestinidad, acudir al mercado negro y comprar una cita más temprana. Dicen que eso está funcionando bien. Es un buen caso de iniciativa público-privada para hacer negocio con la actividad digital...

Si la tecnología debiera ser una puerta de entrada más sencilla, eficiente y rápida para que los ciudadanos puedan hacer sus gestiones ante la Administración pública... eso no reza con España. Y encima, el uso de las herramientas digitales se impone como obligación para cosas básicas como pedir cita ante cualquier organismo. Y el que no sepa manejarse, que se busque un familiar que le ayude.

PERMISO DE CONDUCIR

Hecho. Pensemos ahora en el permiso de conducir, que, en este caso, se puede llevar en el móvil con una app de la DGT. ¿Servirá si te para en carretera la Guardia Civil...? Debería. Mejor omitamos esa prueba.

Como recurso lo damos por bueno. Y para obtenerlo sólo hace falta saberse el número del DNI y su fecha de caducidad. ¡Ah!, ¿que no se la sabe? Pero, hombre, cómo no se le ocurrió guardarse una foto del DNI si planeaba perderlo alguna vez.

También conviene tener resuelta de antes la app de la cl@ve pin, porque en cualquier paso online te la piden para identificarte. Se puede intentar hacerlo por teléfono, online o en persona, que suele ser lo más eficaz. Con cita previa, como ya todo en esta vida. Hace falta presentar un DNI y que te manden por correo una carta de invitación. O que te la den en mano. Chupado.

Hecho. Pero, ¿y si por si acaso se pretende tener también un duplicado en plástico del permiso de conducir perdido, para llevarlo en la cartera? Pues habrá que explorar la web de la DGT, que de vez en cuando, mientras investigas los trámites, te envía a una página propia de «error 505», esa página no existe. Es como un videojuego: gastas una vida y vuelves a empezar.

Hecho. Una vez perdonados los enlaces con trampa, el sendero se bifurca: o vas en persona a resolverlo (pide cita en la web y etcétera, etcétera) o lo intentas por lo digital, para que te lo manden a casa. Pero lo primero es pagar la tasa (veinte pavos y unos céntimos). Como eso se lo encargan a una página de Hacienda, funciona. Para cobrar la cosa va bien.

Luego empieza la verbena: piden datos, te identificas con la cl@ve pin y cuando se superan todas las pruebas toca completar la firma digital.

Hecho. Hay que descargarse una app, gubernamental, de firma digital. El navegador dice que no puede verificar que sea segura, pero, venga, va, si es oficial... Insistes, se descarga, el ordenador la instala de mala gana y aparece un recuadrito con los datos de un presunto certificado que tu ordenador sigue poniendo en duda...

Siendo ya el último paso, dices ¡adelante! Aceptas el certificado y saltas a la pantalla siguiente. Que anuncia un error. El procedimiento no se ha firmado. Vuelva a la casilla de salida. Vale repetirlo con distintos navegadores o con el mismo. Al cabo de hora y pico de entretenidas gestiones digitales sin fruto, habrá que ir pensando en pedir cita presencial (y bla, bla, bla...). Que no se olvide llevar el PDF que dice que has pagado la tasa. A ver si por lo menos eso sí vale.

TRUCO PARA MAYORES

Un último truco: teniendo la paciencia de cumplir 65 años (o más) se puede ir a la oficina sin pedir cita previa. Pero con horario limitado hasta medio día, ¿eh? Lo pone en su web. ¡Ah...! Pero eso era el jueves. El viernes, el horario se había reducido sin previo aviso. «Hoy está cambiado en la web», arguye un empleado de seguridad (de una empresa privada), lidiando con la furia de un puñado de viejecitos.

Dice el hombre que «se juntaban muchos» mayores de edad y, «como faltan funcionarios» (ya se sabe, con los ordenadores hace falta más gente: el que tiene que hacerlo y al que acude a consultar cómo se hace), se producían grandes atascos en las oficinas. Así que reducen el horario para concentrarlo más.

Y así, tras una inmersión más o menos entretenida en la digitalia gubernamental, puedes plantearte si no será que estás intelectualmente por debajo de la media de digitalización nacional, y por eso no das una. O si son los digitalizadores del Gobierno los que están por debajo de la media de lo que predican.

Al menos en este juego no se trataba de urgencias médicas, ni de pedir ayudas prometidas para resolver angustias, ni de resolver algún entuerto administrativo. Porque de esas cosas empiezan a contar historias y no acaban.

Así que, ¿Gobierno digitalizado? ¡Uy, qué risa!




1333 palabras / etiquetas: Digitalización, España, Gobierno, administración pública
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