Sacrificio de fuego
La nave Starship de SpaceX estalla a los cuatro minutos de despegar en su primera prueba con el gigantesco propulsor Super Heavy Rocket, entre gritos de celebración
JULIO MIRAVALLS | 20 de abril de 2023
«Honestamente, ¡qué mañana tan emocionante! Hemos visto un exitoso despegue…», dice entre risas (tal vez nerviosas) la comentarista del lanzamiento, a sueldo de SpaceX, mientras una multitud de empleados se apretuja y berrea entusiasmada con los puños en alto en un enorme hangar decorado con toberas de cohetes.
Una multitud parece festejar el sacrificio de fuego, tras la explosión.
Es como si hubieran asistido a un ritual de sacrificio colectivo y la ayahuasca nublara sus inteligencias frente al volcán. El rostro de Elon Musk, en la sala de control, parecía mostrar otros sentimientos. Quizás desconcierto, quizás frustración, y apenas una tímida sonrisa, mientras los restos de la gigantesca nave Starship envuelta en llamas caían en algún lugar «sobre el mar», según explicaba uno de los expertos en la mesa de comentaristas.
Elon Musk, en la sala de control, con gesto serio tras el desenlace del lanzamiento.
La doctrina de la jornada era que se trataba, simplemente, de probar que el Super Heavy Rocket es capaz de despegar del suelo con la enorme Staship encaramada en su parte superior, para darle un poderoso primer empujón hacia el espacio. Pero la realidad es que la prueba, sin tripulantes, acabó en una brutal explosión. Que no parece motivo de júbilo.
«Esperábamos que la segunda etapa, la nave Starship, se separase del propulsor superpesado, pero desgraciadamente no ha podido ser... No importa. Era la primera vez que se producía un lanzamiento integrado [de la nave y el propulsor]… y, honestamente, ha sido asombroso», resumía la comentarista, sin cerrar su amplia sonrisa ni por un instante.
Los comentaristas, sin perder la sonrisa y la excitación tras la explosión.
Lo cierto es que el primer lanzamiento del vehículo espacial con el que Elon Musk sueña ser capaz de aterrizar incluso en Marte ascendió durante tres minutos. Y luego se truncó, cuando alcanzaba una altura de casi 39 kilómetros y una velocidad de 1.789 kilómetros por hora.
En esos momentos, una cámara interna mostraba los propulsores de la propia Starship, a punto de ignición, esperando hacerlo en cuanto se separase de su primera etapa. Pero no ocurrió.
Una cámara interna muestra las toberas de la Starship, esperando a encenderse mientras el cohete empieza a dar tumbos.
El conjunto giró sobre si mismo, bajó, volvió a subir y llegó a rebasar los 39 kilómetros de altura, mientras seguía describiendo bucles en el aire, perdiendo velocidad a ojos vista. Y empezó a caer.
Cuatro minutos después del lanzamiento se vieron dos sucesivas explosiones, ilustradas por sendas bolas de fuego, mientras en tierra se desataba un pandemónium, una absurda algarabía de gritos, silbidos y aplausos.
La comentarista se consolaba entre risas en esos momentos afirmando que «todo lo que ocurra después de despejar la torre [conseguir el despegue del cohete] es la guinda del pastel».
«Todos los datos que hemos recolectado durante el lanzamiento de prueba nos ayudarán para continuar el desarrollo del Starship», afirmaba después el comentarista técnico, mientras la guinda flambeada llovía sobre el Golfo de México.
Starship es el más ambicioso proyecto de SpaceX, para construir una verdadera nave espacial, de 50 metros de altura y 9 de diámetro, capaz de posarse en un cuerpo celeste, con menos gravedad que la Tierra, digamos la Luna y Marte, y ser capaz de despegar por si misma para regresar.
Momento del despegue, hoy, de la nave Starship propulsada por el Super Heavy Rocket.
Integrada con el cohete Super Heavy, la parte propulsora adicional para despegar de la Tierra que no se ha separado hoy, forma un conjunto de 120 metros de altura, con capacidad de lanzar al espacio 150 toneladas plenamente reutilizables, de un peso total de 250 toneladas en rampa de lanzamiento.
La nave Starship, por separado, ya ha acreditado la capacidad de aterrizar, como lo hacen habitualmente los cohetes Falcon de SpaceX, para ser reutilizada. Según sus diseñadores, podrá reabastecerse de combustible en el espacio, lo que completaría su capacidad como vehículo de línea entre la Tierra y la Luna. Y Marte, añadirá Musk.
Utiliza seis propulsores propios, tres de ellos son motores Raptor, de metano y oxígeno, con el doble de empuje que los Merlín que usa el Falcon 9, y otros tres Raptor Vacío, expresamente para la navegación espacial.
La explosión de hoy no empañará, en todo caso, las ambiciones del magnate, como ya demostró con los lanzamientos de sus cohetes reutilizables Falcon, repitiendo una y otra vez los ensayos de aterrizaje, y acumulando unas cuantas explosiones en el haber, hasta convertir en pura rutina el posado sin daños en la propia pista de su espaciopuerto texano en Boca Ratón.
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