Estilos

Ollantaytambo, donde se acabó el imperio

Unos 50.000 trabajadores iban cada invierno 'voluntariamente' a construir sus impresionantes terrazas como pago de impuestos

JULIO MIRAVALLS | 26 de agosto de 2019
PERU (DÍA 9) VALLE SAGRADO
El Valle Sagrado no es un lugar, es una ruta [turística] que abarca desde Chinchero, o Pisac (ambos puntos serían los extremos de una horquilla), hasta el mismísimo Machu Pichu, la ciudad perdida. O quizás la ciudad perdida fuera otra...

Es una línea de sitios en los que se mezclan sincretismo y tradiciones contradictorias. El culto a la Pachamama, preincaico, se combina con rezos de buena mañana al único Dios verdadero para pedirle que eche una mano a llevar bien el día.

En el Museo Vivo de Urumbamba (en realidad tiene una dirección de carretera), un grupo de artesanos y activistas quechuas muestran a los visitantes los viejos modos de fabricación textil; el tratamiento de la plata 950, lo que significa una pureza del 95%, aleado con un 5% de cobre [»pero en muchos sitios ponen la etiqueta 950 sin ser verdad», advierten]; cómo se hacen enormes ladrillos de adobe y paja de unos 25 kilos, sin cocer; y un corral con media docena de camélidos (vicuñas, alpacas y llamas) que corren a devorar las hojas verdes que les ofrecen los visitantes.

Todo eso y otras actividades artesanales, con sus explicaciones didácticas, se mezcla con su discurso de principios y certezas vitales sobre la memoria histórica inca, el empeño en hacer que el turista hable algunas palabras en quechua y un chusco brindis con chicha (bebida alcohólica de maíz) que, por si no se han enterado, es una vieja letanía muy frecuente en la remota metrópoli conquistadora: «¡arriba, abajo, al centro y adentro…!».



La parte más dura del paso por el Valle Sagrado son los altísimos e interminables escalones hacia el templo del Sol en Ollantaytambo. Pero antes de llegar ahí hay que pasar por Chinchero.

Los grandes espacios en el recinto de Chinchero eran una finca propiedad del Inca. Es decir, del rey, que es a lo que se suele referir la mención en singular. Hay una gran esplanada y un desnivel aterrazado, para producir diversos cultivos, y graneros, para almacenar alimentos. Buen lugar, barrido por los vientos, para cultivar papas y grano.

Hoy en día la esplanada principal se utiliza para producir la papa seca. Patatas desecadas, que se pueden conservar largamente. Se estima que siguen siendo comestibles unos tres años, aunque en tiempos de los incas, según hallazgos arqueológicos, podían durar hasta doce.

El sistema de desecación, que siguen practicando las mujeres por el método tradicional, consiste en dejar las papas al raso toda la noche, para que las bajas temperaturas las congelen. Luego las pisan para aplastarlas y sacar así el almidón, y después se dejan al sol para que se sequen. Es un proceso de tres días de congelaciones y aplastamientos y otros siete para la deshidratación total.

Para cocinarlas hay que volver a hidratarlas. La patata tratada de esta manera pierde sus componentes azucarados, pero no las proteínas y otros elementos alimenticios. También conviene advertir que durante el proceso de secado la patata huele fatal mientras fermenta el almidón. En Perú hay 1.800 variedades de papa. En los tiempos antiguos hubo 3.000.

Volviendo a esos tiempos antiguos, cuando el último inca, Manco, se batía en retirada ante el empuje de Francisco Pizarro, el Valle Sagrado se convirtió en su último reducto. Tal vez los cientos de miles de indígenas de pueblos diversos agregados a su imperio por convicción no estuvieron tan dispuestos a seguirlo hasta el final. El imperio llegó a tener 18 millones de habitantes.

El inca Manco ordenó quemar los graneros de su finca en Chinchero, creyendo que así frenaría el avance del conquistador al dejarlo sin avituallamiento, y se refugió con sus últimas huestes en Ollantaytambo.

TEMPLO DEL SOL

Ollantaytambo es una construcción asombrosa de puro gigantismo, con aterrazamientos de grandes bloques de piedra en una empinada montaña. Hay que tomar aire (y no es tan sencillo con el baile de alturas) para llegar hasta arriba y contemplar un inacabado templo del sol.

Y esa es una de las sorpresas. El templo se estaba construyendo con enormes bloques de granito, traídos de otro monte situado enfrente. Es bastante entendible la manera en que se arrancaban esos enormes pedruscos, forzando la erosión a base de cuñas de madera y agua, que se congelaba con el frío de la noche y luego abría y ampliaba grietas con la dilatación de la madera en las horas de sol. La piedra arrancada se deslizaba ladera abajo, pero luego, y esto es lo duro, tenía que subir hasta el emplazamiento del templo en construcción por una empinada senda en zigzag.

La obra ocupaba a 50.000 trabajadores, «que no eran esclavos», insisten. Iban allí a trabajar durante la temporada seca (nuestro verano boreal, que en la zona es el invierno), «para pagar sus impuestos» con sudor, moviendo y cortando (a base de desgaste) piedras. Los llevaban a trabajar con toda la familia, «para que no bajasen el rendimiento», y cuando acababa la temporada los mandaban de vuelta a sus aldeas, a cultivar la tierra y producir alimentos.

Ollantaytambo podría no haber sido concebida como fortaleza militar, pero tiene todas las características para serlo. Además, los graneros están en inverosímiles emplazamientos en la escarpada falda de los montes que rodean el sitio. Fáciles de defender y muy difíciles de saquear.

A todo esto, Pizarro no mordió el anzuelo para atascarse en Chinchero y verse obligado a regresar a Cuzco. Buscó su camino y se plantó en Ollantaytambo, mientras parte de sus fuerzas iban hacia la última plaza de Vilcabamba (para algunos la verdafera ciudad perdida), donde quedaban incas. Al parecer procedían de Machu Pichu, evacuado porque la vida ya no era viable en un complejo creado con fines ceremoniales.

Los incas de Manco se plantaron en las terrazas, dominando la altura, con sus lanzas, garrotes y cuchillos. Fueron barridos por las armas de fuego de los españoles y Manco se convirtió en el último Inca.

A juzgar por la insistencia en contar la historia de cómo el imperio Inca se desmoronó y fue conquistado, con diversas variantes según el guía, debe ser una parte fundamental de la visita.




1036 palabras / etiquetas: Perú, Chinchero, Ollantaytambo, urumbamba
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