Estilos

Constructores de islas

Los uro, un viejo pueblo preincaico, fabrican con totora sus propias islas flotantes en el lago Titicaca. Quizás han convertido su vida en un espectáculo para turistas

JULIO MIRAVALLS | 23 de agosto de 2019
PERU (DÍA 6) PUNO
Se podría aventurar, en la oscuridad que rodea sus orígenes, que la aparición de los incas, el mayor imperio precolombino en Sudamérica, fue producto de un experimento genético. Es una tesis tan válida como la de su aparición mágica surgiendo de las aguas del lago Titicaca.

La idea del experimento sería que, en una especie de alianza, los tiahuanacos, los pucará y los coyas empezaron a seleccionar a los mejores de sus respectivas tribus, formando un nuevo grupo de elite que se hizo con el poder y fundó el nuevo imperio en el siglo XIV, en la zona de Cuzco y en torno al lago. Es una tesis menos poética pero más plausible que la del nacimiento a partir de la pareja Manco Cápac y Mama Ocllo, surgidos del Titicaca con el encargo del dios Sol de fundar una tribu que lo adorase…

Lo que sí es fácil de suponer es que en la América andina hubo una vieja pugna entre diversas etnias, agrupadas finalmente en los bandos de dos lenguas, el quechua y el aymara. Las viejas tribus reunían notables bagajes culturales, pero el triunfo del grupo quechua, cristalizado en el imperio inca, creó un nuevo orden, al que se podrían dirigir las mismas acusaciones de ser tan ambicioso, hegemonista, intransigente y racista como las que luego se han lanzado a los conquistadores europeos. En particular a los españoles.

El lago Titicaca, enclavado entre Perú y Bolivia, es en gran manera la articulación de toda esta historia. Se trata de una extensión de agua dulce tan inmensa que al navegar por ella puede parecer estar haciendo cabotaje en algún mar. Se ve tierra a un costado, pero en el horizonte sólo hay agua.



Es una formación tectónica surgida durante la propia formación de los Andes, que recibe las contribuciones de cinco grandes ríos. Es el lago navegable más alto del mundo, a 3.810 metros sobre el nivel del mar, con unas dimensiones colosales de 165 por 60 kilómetros y una profundidad máxima de 600 metros.

La ciudad de Puno es el puerto principal de acceso a un sistema de microeconomías isleñas en el que sobreviven a la manera tradicional algunos grupos como los uros y los taquiles, hablantes de aymara y quechua, respectivamente. Ambos son visitados por el turismo y, en gran medida, puede decirse que han convertido sus vidas en un espectáculo para los visitantes, que se dejan unos cuentos soles (moneda peruana) para compartir un rato con ellos.

Los uro son, sin duda, el grupo más curioso e interesante. Son constructores de islas. Es decir, viven en islas artificiales y flotantes que ellos mismos fabrican con totora (juncos) de las que hay unas 50 en el lago. Su población está rondando los 2.500 individuos y tienen una organización basada en los grupos familiares.

Una de esas islas es la del presidente Francisco, un hombre más alto de la media de su etnia, que recibe con amabilidad y don de lenguas a los visitantes. Se expresa en español, aymara y quechua. En su isla residen 17 personas, pertenecientes a cinco familias. Cuenta su historia mítica del origen de los uro, muestra cómo es el proceso de construcción de una isla flotante, en una zona donde la profundidad son cinco metros, y enseña sus modestas vivienas, con techos que protegen por dentro con plásticos, antes de mostrar el mercadillo de sus artesanías e invitar a navegar en una de su mejor barca de totora, a la que llama «el Mercedes Benz» del Titicaca. Se mueve a remo, pero caben hasta 45 personas.

Construir una isla es un laborioso proceso de un año, formando bloques de 10 por 10 metros, con capas de juncos contrapeados, que se atan entre sí y finalmente se anclan. La isla se va deteriorando con el tiempo, por el desgaste y la propia descompsición del material orgánico. Dura unos 40 años. Pero los uro son gente longeva que viven unos 85 años y no es raro encontrar individuos que pasen de los 100. A pesar de la modestia de sus existencias disponen de electricidad para lo básico, con paneles solares y baterías.

Según el relato de sus orígenes, podrían haber llegado navegando desde Polinesia. Y tal vez hicieron luego el viaje de retorno. son grandes navegantes. Pero su modesta vida en el Titicaca («puma gris», significa el nombre del lago) no les hizo muy relevantes ni para el imperio inca ni para los españoles que llegaron después.

Los incas, eso sí, les impusieron un tributo para comerciar: tenían que recolectar piojos para pagar su impuesto a los dominadores incaicos, que luego los utilizaban para dar tormento a sus prisioneros.

La totora es básica en su economía, sirve incluso como alimento y recurso medicinal. Y siguen construyendo sus barcas a la manera tradicional, aunque con un truco muy ecologista: rellenan sus flotadores con botellas de plástico que reciclan.

En la isla de los taquile, tierra firme en este caso, las cosas son bien diferentes. Ellos hablan quechua. Mantienen una vida tradicional, al estilo de los últimos cinco siglos, con vestuarios de la época de la conquista española. De hecho el nombre de su isla que comparte la tribu se debe al español Pedro González de Taquila, que fue designado señor de la isla. Antes se llamó Inkita y esta gente si fue parte del imperio incaico.

Los taquile son un pueblo de tejedores. Esa es su gran habilidad y tradición, hasta el punto de que el hombre que desea casarse tiene que demostrar su capacidad para tejer un gorro tan tupido que puede transportar agua en su interior aunque se filtre. Si no lo consigue, el padre de la novia no consentirá el casamiento.

Del sugerente lago Titicaca emana la magia de una historia antigua y perdida en los pliegues del tiempo. El explorador francés Jacques Cousteau fue invitado a hacer una exploración, con su barco Calipso, en la que encontró algunas ruinas sumergidas que probablemente podrían contar todavía mucho más de los seres humanos que habitaron el continente desde hace varios miles de años.




1036 palabras / etiquetas: Viajes, Perú, Puno, lago Titicaca, Uro, islas flotantes, Taquile
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