Hoteles con oxígeno
En los establecimientos se ofrece 'gratis' a los viajeros que sufren el mal de altura por subir demasiado rápido a más de 4.000 metros
JULIO MIRAVALLS | 22 de agosto de 2019
PERU (DÍA 5) CAÑÓN DEL COLCA
En 1952 el entrenador argentino de fútbol Alejando Scopelli revolucionó la Liga española dándoles oxígeno antes de los partidos a sus jugadores. Ganaron once de una tacada. Luego se desinflaron.
Es probable que el técnico argentino sacará la idea de los Andes. En la cordillera que recorre Sudamérica de Norte a Sur conocen de sobra las dificultades físicas que acarrea la falta de oxígeno, cuando un ser humano llega a grandes alturas e intenta moverse y hacer esfuerzos con normalidad sin antes haber pasado un periodo de aclimatación. La Paz, en Bolivia, a 3.640 metros de altura, es la capital más elevada del mundo y los futbolistas, especialmente los sudamericanos, saben de sobra lo duro que resulta ir a jugar allí algún partido internacional sin tener varios días para aclimatarse paulatinamente en varias alturas para luego hacer su esfuerzo físico. El problema se llama mal de altura y uno de los remedios es aplicar una bombona de oxígeno para compensar el que corazón, pulmones y cerebro echan de menos. En los hoteles de Chivay, a 3.651 metros de altura, y Puno, a 3.827, ofrecen oxígeno «gratis» a los clientes recién llegados, o si ven mala cara, o se comenta algo sobre mareos y dolores de cabeza. Lo difícil para un boreal novato en tales lides es asociar su malestar con la subida de unas horas antes, al cabo de la cual se sentía razonablemente bien, sin confundirlo con un enfríamiento o una jaqueca motivada por tanto trajín. El mal de altura, al parecer, se presenta en toda su crudeza horas después. Y, desde luego, se hace muy difícil respirar.
Arequipa está a 2.435 metros. Pero los desplazamientos siguientes para esta ruta por Perú tienen que negociar con los cuatro y casi cinco mil metros de altura. El ser humano necesita aclimatarse para sentirse cómodo a esas alturas. Un montañero, o un escalador, sería sin duda más cauto, subiendo unos cientos de metros al día. En coche, eso se hace sin querer.
Los que tienen la costumbre de masticar hoja de coca para compensar el cansancio, la baja presión atmosférica y la diferente densidad de oxígeno en el aire. Proponen tomar primero, para preparar el cuerpo, una infusión que puede ser de coca, de muña o chacoma (estas dos, aseguran, combaten el dolor de cabeza y el de barriga), o de tacola. Luego se empieza a masticar la coca, con una piedrita entre las hojas que endulza un poco el sabor, mientras el vehículo va ganando altura hasta los 4.900 metros de un mirador donde se encuentran, dicen, los retretes (con agua y todo eso) más altos del mundo.
La experiencia, seguro, cambia de persona a persona. Pero de 12 que compartimos el microbús («la movilidad» lo llaman aquí) para la subida, al menos cinco nos quejamos de alguna molestia de inmediato. Los síntomas del mal de altura más frecuentes suelen ser mareos y dificultades para respirar.
Los guías turísticos explican como mascar coca, con una piedrita entre medias que la endulza, para contrarrestar los efectos. Se compra en tiendas con total normalidad. No es mercancía prohibida ni objeto de tráfico delincuente. Cuentan que cuando los conquistadores españoles llegaron a estos desolados territorios, que en principio no les habían interesado gran cosa, pusieron a los indígenas a trabajar en sus minas y explotaciones, negándoles la coca a la que estaban acostumbrados para soportar la fatiga. Pronto los nuevos amos descubrieron que así, ni rendían en el trabajo ni sobrevivían mucho tiempo. Les devolvieron el uso de su producto ancestral.
Sin embargo, aún siguiendo todos los pasos, a la hora de intentar juntar algunas letras, la cabeza no da para más. El experimento de la hoja de coca ha sido un total fracaso para este lego. Masticar coca no es drogarse, porque para obtener un solo gramo del potente narcótico que es la cocaína, los narcos necesitan exprimir 30 kilos de hoja de coca y todo el procesamiento químico que le añaden. Pero para el viajero ha sido un mal viaje.
En el largo camino desde Arequipa hasta Chivay, en el corazón del valle del Colca, se encuentran rebaños de camélidos (vicuñas y llamas) que se dejan acariciar por los turistas. Al igual que las otras dos especies camélidas, alpacas y huanacos, son animales de cría ganadera y hasta de compañía para los lugareños; un reclamo turístico; una industria de tejidos finísimos y carísimos (la vicuña puede dar un hilo 20 veces más fino que el cabello humano); y finalmente pueden acabar en el plato de cualquier otro turista, porque también se crían como carne.
Después de atravesar el desolado distrito de Yura, donde impera la cementera del mismo nombre. Hay recovecos del camino en los que aguardan las mujeres indígenas para vender sus artesanías y así se va llegando al impresionante cañón del Colca, una colosal falla entre dos conjuntos volcánicos, al que aquí acreditan como «el más profundo del mundo», según las últimas mediciones de un equipo internacional que registró 4.160 metros en su punto más alto.
El recorrido por el Colca en la segunda jornada por estas tierras lleva desde Chivay hasta el mirador de la Cruz del Cóndor donde, con algo de suerte, se puede ver el vuelo de los carroñeros, pasando a poca altura sobre los turistas.
La jornada empieza viendo desde Chivay cómo humea de manera constante el volcán Nevado Sabancaya, de 5,976 metros. En Chivay hay aguas termales para recordar que es zona con las entrañas de la Tierra calientes.
El camino sigue por el pueblo de Yanque, antigua capital de la provincia, donde decenas de críos, y unos cuantos mayores, organizan un espectáculo de danzas coyangua y un mercadillo desde la amanecida, para los turistas que van pasando. El mensaje en un cartel no deja dudas de los destinatarios: «Queremos viajar por el mundo como ustedes. Necesitamos su ayuda». Antes de las siete de la mañana, una de las chiquillas recorre los corrillos de ateridos turistas reclamando unas monedas. Estamos en invierno y las temperaturas bajan durante la noche en el Colca aunque luego, con el sol despejado, es fácil quemarse.
En este pueblo coyangua se habla aymara. A pocos kilómetros, los cabana hablan quechua. Son poblaciones ancestrales, anteriores a los incas, siempre antagonistas. En el pasado se deformaban los cráneos para distinguirse. Hoy lo hacen llevando sombreros con decoraciones muy diferentes.
La ruta por el Valle del Colca muestra inmensos aterrazamientos a los que llaman atenerías. Son construcciones milenarias con las que consiguen crear microclimas y aprovechar la irrigación natural para sus cultivos. Hoy en día existe una red de conducciones de dos metros por tres de sección, para el riego. Esta empotrada en la montaña y fue construida por un consorcio en el que participaron España, Italia, Estados Unidos y Reino Unido.
A lo largo del camino se pueden ver fósiles de algas diatomeas a gran altura, como en el poblado de Maca, lo que demostraría que en otro tiempo este territorio estuvo cubierto por el agua. Las lugareñas te ofrecerán en cualquier recodo el sancayu, fruto del cactus con forma de candelabro que parece kiwi, pero es más ácido. Se puede encontrar para comer, para beber mezclado con pisco o en helado.
Desde los miradores se distinguen a lo lejos dos picos volcánicos, el Nevado Qehuisha (5.318 metros) y el Nevado Mismi (5.598 metros). En la depresión entre ambos nace el Amazonas, hacia la otra vertiente de los Andes.
Y por fin, saliendo del Colca, se llega, en los límites con la provincia de Puno, a un increíble punto culminantes: el lago Lagunillas, una formación artificial, porque lo creo una presa construida para controlar el flujo de varios ríos. Pero el Lagunillas, al que apodan el pequeño Titicaca está más alto que éste, a 4.413 metros de altura tiene una extensión de ocho por dos kilómetros y 25 metros de profundidad. Es navegable, tiene islas y suministra pescado comestible.
Lo siguiente en el día es continuar camino por la carretera interoceánica. Una inverosímil ruta de un solo carril por cada dirección que comunica el Pacífico con el Atlántico pasando por Chile, Perú, Bolivia y Brasil. El destino para pasar la noche es la ciudad de Puno, capital de la provincia, aunque más pequeña y con menos habitantes que Juliaca, que además tiene aeropuerto.
Pero Puno tiene al misterioso y excitante Lago Titicaca. Donde nacieron los hombres. Seguimos a 3.827 metros de altura.
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