El efecto Coriolis
Primera vez en el hemisferio Sur. Volar sobre los Andes, no es muy distinto de hacerlo sobre los Alpes
JULIO MIRAVALLS | 18 de agosto de 2019
PERU (DÍA 1)
Viajar de Madrid a Lima son poco menos de doce horas de avión, tres comidas y tres películas, más menos. Todo el tiempo con la ventanilla cerrada, por el intenso Sol, y sobre nubes. Es la primera vez en el hemisferio Sur.
Volar sobre los Andes, no es muy distinto de hacerlo sobre los Alpes, cercanos a la panza del avión por su altura, salvo porque aquí no se ve nieve, tan al norte del Sur. Para un boreal, pasar la línea del Ecuador es como caminar cabeza abajo. Todo empieza a estar al revés. Por ir al Norte siente que ha ido al Sur. Es invierno, cuando para él es verano, y cuanto más suba en el mapa, más cerca de la línea imaginaria del Ecuador, más cálidas son las temperaturas.
Pero nada es tan sencillo como lo pinta la literatura. En Lima «nunca llueve», dice una autóctona. «No tenemos lluvias torrenciales, porque los Andes retienen la evaporación del Atlántico y siempre tenemos humedad», especifica. Pero eso también quiebra la imagen más poética: «Siempre está nublado», dice. Nunca vemos las estrellas»...
Si era poco probable hacerlo en la gigantesca capital, plena de tráfico y luces, con diez millones de habitantes en su área de influencia que incluye el distrito independiente de El Callao, que tiene puerto y aeropuerto. Es la gran salida al Pacífico, donde el almirante Méndez Núñez dijo aquello de «más vale honra sin barcos, que barcos sin honra», en una de aquellas desastrosas guerras de la España colonial que murió en 1898. La política de ahora plantearía lo contrario….
Lo cierto es que, para ver la Cruz del Sur, habrá que esperar a alejarse de este barrio de Miraflores, activo y bullicioso, que en una noche de sábado llena las calles de gente. En el parque Kennedy (dedicado a JFK) hay una pista de baile al aire libre, excavada por debajo del nivel del suelo para rodearla congradas. También hay un mercadillo que vende artesanías y objetos inútiles. Los asistentes a una boda se desparraman a la puerta de la iglesia cerca de las nueve, mientras los novios siguen seguramente firmando sus contratos vitales en la sacristía. A la puerta, dentro del propio parque lleno de calmosos gatazos, les espera el coche nupcial.
Todo tiene un aire diferente. Las calles están llenos de restaurantes, cafés y chifas, que son también restaurantes, sin grandes pretensiones, donde se practica la fusión de la cocina tradicional peruana con la china.
Sin embargo, las diferencias no resultan tan evidentes. El mundo austral, aquí abajo gira al revés, pero no es sencillo comprobar en el lavabo el efecto Coriolis. Esa tendencia de los cuerpos en rotación, que se aprecia en los remolinos de agua, a acelerarse hacia el centro y que en el hemisferio Norte suele hacer el giro hacia la derecha (en el sentido de la manecilla del reloj), mientras en el Sur es hacia la izquierda.
Habrá que esperar a profundizar más al sur para empezar a sentir la magia de los territorios milenarios.
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