Los cuernos del Miura apuntan al cielo
La ilicitana PLD Space presenta en la base de El Arenosillo, Huelva, su primer cohete listo para despegar «el mes próximo»
JULIO MIRAVALLS | 11 de marzo de 2023
«Somos una empresa de transportes», dice Raúl Verdú. «Sólo que no usamos camiones o barcos. No podemos ir a un concesionario a comprar un cohete…».
Y, como no podían comprarlo, los dos fundadores de PLD Space, Raúl Torres y Raúl Verdú, todavía estudiantes de ingenierías entonces, se pusieron hace cosa de once años a desarrollar en Elche su propio cohete. Hoy, el Miura 1, su primer vehículo espacial, apunta los cuernos al cielo en la base de El Arenosillo, Huelva, listo para intentar volar el próximo mes, si todas las comprobaciones cumplen las expectativas. Que son altas, porque si el cohete hace lo que tiene que hacer, España se convertirá en «el décimo país del mundo con capacidad espacial», recuenta Torres. Y el primero de Europa Occidental (porque Rusia, siendo la Unión Soviética, fue la que inauguró la carrera espacial con el Sputnik, en 1957).
Hasta llegar a este punto los fundadores de PLD Space, reforzados ahora con el know how de negocio del presidente ejecutivo Ezquiel Sánchez, han tenido que recorrer un largo camino.
Lo primero, la cuestión de fe. Conseguir la primera financiación para desarrollar un motor, como base del proyecto, con «una ayuda» de dinero público, «sin el que no habría sido posible empezar», dice Raúl Torres, aunque insiste en que lo primordial fue la confianza de quienes tuvieron que autorizarlo en que la idea era viable: que en España se desarrollase un cohete espacial… «Quiero matizar una cosa muy importante…», tercia Sánchez: «Cuando se dice 'una ayuda' quiere decir un préstamo, que se reembolsó íntegramente». Fue un préstamo NeoTech, del CDTI.
Los fundadores de PLD Space, Raúl Torres, izquierda, y Raúl Verdú, derecha, con su presidente ejecutivo, Ezequiel Sánchez, en el centro.
Verdú concreta que, desde entonces, la financiación del proyecto ha contado con «un 70% de capital privado y un 30% de dinero público».
Y eso incluye la confianza de la Administración durante los sucesivos gobiernos, para facilitar el apoyo en asuntos tan relevantes como instalar una base de prueba de motores en el aeropuerto de Teruel. O construir una rampa de lanzamiento en El Centro de Experimentación de El Arenosillo, del ministerio de Defensa y del INTA, desde donde se lanzará el primer Miura. El Miura 5, que es mucho más grande, despegará desde el espaciopuerto de Kourou, en la Guayana francesa.
Pero lo más importante ha sido la propia capacidad del grupo para desarrollar el proyecto en el han tenido que partir en todo desde cero. «Ninguna universidad te enseña a hacer un cohete en seis meses», argumenta Torres.
Lo han tenido que diseñar «hasta los tornillos», añade. Y algo tan importante como «una propulsión líquida, con queroseno y oxígeno», como la que usó la URSS desde sus primeros cohetes. Torres subraya que han tenido que diseñar incluso la soldadura del aluminio aeronáutico, que forma parte de la estructura y «en España no se hacía».
Frente a los grandes proyectos espaciales estadounidenses y europeos, en los que participan muchas grandes empresas de diversos países, el proyecto de PLD, para desarrollar «lanzamientos de bajo coste, a pequeña escala», es el empeño de una única compañía: «Fabricamos nuestros motores en un hangar de 1.200 metros cuadrados en Elche», indica Verdú.
«Somos 120 personas», detalla Sánchez, presumiendo de haber sido capaces de «repatriar talento», de españoles que se formaron aquí, pero estaban trabajando fuera.
Y ahora mismo, prosigue Sánchez, los objetivos del primer Miura son dos: demostrar la capacidad ascendente del cohete, que espera alcanzar la altura de 100 kilómetros (la línea Karman que señala la frontera del espacio) y, en segundo lugar, la recuperación del cohete, para su reutilización.
«El cohete caerá en una zona que tenemos prevista a unos 70 kilómetros, donde estará esperando un barco a una distancia de seguridad, para rescatarlo con una grúa», cuenta Torres, poniendo énfasis en la condición de «demostrador» que tiene el cohete Miura 1.
El proyecto de PLD Space es una aventura tecnológica con objetivos económicos, para tratar de participar en lo que se espera que sea un más que floreciente negocio en los próximos años: la puesta en órbita de satélites. «La mayoría son de menos de 500 kilos, que es nuestro el límite de carga», dice Verdú, en referencia al Miura 5.
La numeración de ambas naves no obedece a un orden de diseño, no habrá un dos, tres ni cuatro. Se refiere al número de motores que lleva cada uno.
El Miura 1, con un propulsor, tiene que demostrar la validez de las tecnologías que integra. Incluida el transporte de una carga útil en su primer viaje suborbital. Serán tres experimentos. Uno de la Universidad de Bremen y dos propios de PLD Space.
Luego, de esos desarrollos, el Miura 5, con cinco propulsores y «la altura de 11 plantas», recuerda Torres, reaprovechará, aproximadamente, el 70% de esas tecnologías, convenientemente escaladas a su tamaño. «Pero los técnicos que lo están desarrollando [el Miura 5] están avanzando a gran velocidad, por la confianza adquirida [con el 1]», remata Verdú.
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