Estilos

David Parker, director de vuelo de ESA.

1.344 españoles quieren ser astronautas

La Agencia Espacial Europea cierra el proceso de presentación de candidaturas con 22.589 aspirantes, de los que sólo entre cuatro y seis terminarán graduándose

JULIO MIRAVALLS | 23 de junio de 2021
Son 1.344 los españoles que sueñan con ser astronauta y se han atrevido a dar el primer paso, presentando su candidatura a la convocatoria de la Agencia Espacial Europea. De ellos, 299 son mujeres, un 22,24% del total, lo cual sí debe cumplir uno de los propósitos anunciados en el lanzamiento de la convocatoria: que también se animasen ellas. Hombres, como dice una sencilla resta, son 1.045.

Aunque la ESA no llegó a expresar cuántas candidaturas podía esperar, también parece razonable que la cifra total de aspirantes resulte satisfactoria. Se han presentado 22.589 solicitudes en toda Europa, de las cuales, 5.419 son mujeres, un 23,98% del total.

Esto hay que valorarlo en el contexto de una elevada exigencia que incluye una titulación superior de carácter científico, matemático o de ingeniería, o bien una licencia de piloto de pruebas, complementada con el uso fluido del inglés y, lo más difícil tratándose de aspirantes jóvenes, tres años de experiencia laboral como posgraduado.

Hay que añadir 257 candidaturas para astronautas con minusvalías, (197 hombres y 60 mujeres), una convocatoria con 13 españoles, tres de ellos, mujeres. La ESA ofrece, por ahora, una posible contratación en este apartado para el proyecto Para Astronaut Feasibility Fly, en el que se someterán a prueba las posibilidades de participar en un vuelo.

Como resultado de la convocatoria general, lo que busca la agencia es «entre cuatro y seis astronautas de carrera, que se incorporarán a la plantilla de ESA», según detalla Lucy van der Tas, jefa de adquisición de talento. «También vamos a crear una reserva, con hasta 20 miembros», añade, «que no serán inmediatamente contratados, deberán continuar en sus empleos actuales, hasta que se produzca una oportunidad de vuelo apropiada para alguno de ellos».



«Uno de los principales requisitos de nuestra convocatoria es tener la nacionalidad de un país miembro de ESA», advierte Van der Tas, lo que descabalga 30 solicitudes presentadas desde 15 nacionalidades ajenas. Llamativamente, cuatro de ellos eran candidatos estadounidenses, otros tantos argentinos (dos mujeres), cinco de la India (una mujer) y tres de Irán (una mujer).

A cambio, ESA festeja que se han presentado candidaturas desde los 25 países que sí pertenecen o están asociados a la agencia, incluidos 80 aspirantes desde la recién integrada Lituania, que es miembro desde mayo. En otra de las comparaciones estadísticas facilitadas por ESA, se observa que el país con más entusiasmo respecto a su cifra de población es Francia, con 106 candidaturas por cada millón de habitantes. Y el segundo, Luxemburgo, con 103,8 por millón. España queda en la mitad baja de la tabla con 28,3, justo debajo de Reino Unido, con 29,5.

«Ahora, un equipo dedicado de recursos humanos está revisando todas las candidaturas presentadas, que es el primer paso en el proceso de selección», indica Antonella Costa que asegura que la cifra total no ha desbordado a ESA. En la convocatoria anterior, que se produjo en 2008, fueron 8.413 aspirantes, así que han crecido un 268%. Las mujeres, son el 421%, en comparación con las 1.287 de entonces, que eran el 15% del grupo.

Tras el análisis de las documentaciones y el cuestionario remitidos, los aspirantes serán sometidos a pruebas sicológicas y psicométricas. «Luego habrá una selección médica y dos rondas de entrevistas», detalla Costa.

Guillaume Weerts dice, de parte del equipo de medicina espacial, que «el único factor desconocido» que podría alterar el cumplimiento de los plazos previstos es la posible «evolución del covid». Después del primer filtro quedarán 1.500 candidatos para la fase de test sicológico. Un gran descarte sobre los 22.589 aspirantes «por motivos de tiempo y costes», precisa Costa.

Otro detalle relevante que subraya David Parker, director de vuelo, es que la selección no va a tomar en cuenta los porcentajes de participación de cada país para establecer prioridades en la nacionalidad de los aspirantes finalmente seleccionados.

A cambio, respecto a las posibilidades futuras de que los que finalmente se gradúen como astronautas lleguen a viajar a la Luna, Parker indica que la participación europea en el programa Artemisa de NASA, aportando el módulo de servicio para el viaje lunar, «asegura 33 plazas en los vuelos» del programa.

Eso, suponiendo tres viajes por año, supone al menos once años de vuelos con posibilidad de un astronauta europeo a partir de 2024. Con la actual plantilla ya entrada en años, parece incuestionable que puede haber oportunidades de viajar al satélite para todos los candidatos que consigan el objetivo final de la graduación.

Los planes de ESA, de este modo, adquieren un tinte de ambición que complace a su director general, Josef Aschbacher incluyendo la jornada anterior, en la que se firmó un acuerdo financiero de 9.000 millones entre la Unión Europea y la Agencia Espacial para el mantenimiento de tres programas de satélites, Copérnico, Galileo y Egnos, además de trabajos de investigación científica en campos como las comunicaciones y la computación cuántica.

Curiosamente, un resultado emergente de los eventos de esta semana es que la ESA, a la que hasta ahora todos considerábamos la agencia espacial europea sin otros matices, pasa a convertirse en la única gran agencia espacial que no depende ni tiene el respaldo de un Estado o un macroestado (la UE), como si lo tienen NASA (USA), Roscosmos (Rusia), la agencia china, la india e incluso la japonesa.


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La ESA pasa a ser una agencia privada, aunque sus socios sí son Estados (y su máximo órgano de decisión es la reunión de sus representantes gubernamentales).

De los 22 Estados que son miembros de la agencia, tres (Noruega, Reino Unido y Suiza) no lo son de la Unión Europea. Los restantes tienen una posible doble participación en los programas, a través de los que financia la UE con sus presupuestos, y en los que cada país decide por su cuenta participar. Aunque, por ejemplo, el Reino Unido no puede tomar parte, como desea, en el programa Copérnico, que pertenece a la UE, a menos que consiga establecer un acuerdo con la propia UE. Hasta el Brexit, sí que participaba.

El gran cambio es que, ahora, la agencia espacial europea de la UE es EUSPA, creada el pasado 12 de mayo y puesta de largo este martes, que será la que oficialmente tomará el control del programa espacial de la Unión.

Falta por ver si en la práctica eso significa que Europa hablará en el futuro con dos voces, en la relación por ejemplo con NASA, o si la nueva entidad oficial se convertirá en un mero interlocutor burocrático para las relaciones de la UE con ESA, mientras esta conserva su posición de socio preferente en los programas estadounidenses.

Sin duda esta semana se han plantado cimientos para una nueva construcción del espacio europeo. A ver cómo sale.




1116 palabras / etiquetas: Agencia Espacial Europea ESA, astronautas, candidatos, selección
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