Neptuno a la boloñesa
En la antigua ciudad de Bolonia, no pida espaguetis con la salsa que lleva su nombre. El que está en su salsa es el dios de los mares, con un truco visual en 3D
JULIO MIRAVALLS | 4 de noviembre de 2019
(BOLONIA)Si va a Bolonia, más vale que evite pedir espaguetis a la boloñesa. Correría el riesgo de ser acusado de herejía. La boloñesa sólo se debe servir con una pasta tagliatelle (tallarines). Es lo que dicen los cánones. Y ni siquiera lo llaman salsa boloñesa, sino ragut.
La capital de la Emilia-Romaña es un ciudad norteña, antigua y con sus peculiaridades, muy agradable para un paseo nocturno. Presume de haber sido independiente y de tener la Universidad más antigua de Europa (escuela fundada en 1088, que adquirió el rango universitario en 1317). Fue la primera autorizada por el papado a diseccionar cadáveres en su facultad de medicina, sobre una losa de mármol, aunque siempre en presencia de un fraile, para vigilar que no se hiciera o dijera cosa alguna contraria a la doctrina.
El patio del viejo edificio universitario, que ya no se dedica a esa tarea, deja ver las galerías con paredes y techos cubiertos de frescos. Salvo, precisamente, el ala de medicina, alcanzada por un bombardeo aliado en la II Guerra Mundial. Aunque fue reconstruida, no se recuperaron las pinturas de las paredes.
Las cosas de la iglesia tienen mucho peso y presencia en Bolonia, empezando por su templo principal, la basílica de San Petronio. Una catedral al estilo del Renacimiento italiano que, extrañamente, tiene la mitad inferior de la fachada revestida de planchas de mármol de Carrara, mientras la parte superior muestra humilde ladrillo rojo. Ni siquiera hay simetría de alturas en el recubrimiento de las esquinas derecha e izquierda del edificio.
El proyecto era, claro, que toda la fachada luciera mármol. Pero «se quedaron sin dinero», cuentan. Ahora, «aunque se quisiera completar, tampoco hay dinero pero en cualquier caso no se podría hacer, porque hay que respetar su aspecto histórico».
La ciudad es antigua y fiel a sus tradiciones. Enclavada en una zona lluviosa, los edificios del centro histórico se construían por ley con soportales, que permitían transitar bajo techo por casi toda la vieja ciudad amurallada. Hoy en día muchos edificios modernos mantienen esa costumbre. Cuentan que hay 40 kilómetros de aceras protegidas bajo soportales.
En los viejos tiempos, las columnas de los soportales eran de madera. Que se deterioraba con la humedad y corría el riesgo de arder en caso de incendio. En el siglo XIV, una ley obligó a cambiarlos por piedra o ladrillo. Los más ricos se estiraron con mármoles o sillares bien trabajados y otros lo resolvieron como buenamente pudieron. En el casco antiguo queda una sola casa con columnas de madera.
De la condición humeda e inestable de su suelo dan cuenta las torres de las antiguas familias Garisenda y Asinelli. Ambas se inclinan entre sí, por inestabilidad del terreno. Si cayera una sobre la otra, podría ser un catastrófico juego de fichas de dominó.
Las familias ricas competían en construir su torre lo más alta posible (48 metros mide una y 97 la otra) y en hacerlas inaccesibles en caso de asedio. Para penetrar en ellas había que subir al tejado del edificio en su base y, desde allí, subir por una escala que se recogía en la entrada a varios metros de altura. La torre era señal de poderío y lugar seguro de refugio, con sus despensas y reservas de agua.
Al mismo tiempo, Bolonia tiene un aire de modernidad fabril del siglo XX, convertida en centro del moto valley, un área que, incluyendo la proximidad de Módena y Maranello reúne las míticas marcas de automóviles Ferrari, Maserati, Lamborghini y las motocicletas Ducati. Precisamente el símbolo de Maserati, un tridente, está basado en uno de los momentos centrales de Bolonia, el inmenso Neptuno de Juan de Bolonia, que anota otra historia de polémica con la gobernanza papal.
Dicen las crónicas que el escultor pretendía dotar al dios de los mares de un potente miembro viril, presidiendo una gran fuente en la plaza central.
La autoridad religiosa le exigió reducir los atributos y el artista no tuvo más remedio que someterse. Pero optó por un artificio de perspectiva en 3D, ingeniosamente deliberado: colocó la mano izquierda de la estatua, muy abierta y adelantada a la altura de la cadera, de forma que mirando a la figura desde atrás, por el costado derecho, el dedo pulgar asoma tenso y en el lugar exacto para parecer un pene largo y erecto.
Ya sabrán quienes conocen Italia que allí llaman penes a lo que en España solemos llamar macarrones. Pero tampoco pretendan comer en Bolonia penes con su famosa salsa local. El único pene a la boloñesa es el artificio de Neptuno, dios de los mares presumiendo tierra adentro.
URL permanente: https://apuntelego.es/apuntes/2019/20191104_neptuno_a_la_bolognesa.html
**PUBLICIDAD**