En Málaga sí conocen a Bernardo de Gálvez
El astillero tradicional Nereo reconstruye poco a poco una réplica fiel del bergantín 'Galveston' del 'héroe de Pensacola'
JULIO MIRAVALLS | 25 de junio de 2018
«Toda Francia sabe quién es Lafayette, pero ¿en España quién conoce a Bernardo de Gálvez?», tuiteaba desde Nueva Orleans el recién nombrado ministro español de Exteriores, Josep Borrell, el pasado 16 de junio, en visita oficial a Estados Unidos acompañando a los Reyes.
Desde el antiguo barrio de pescadores de Pedregalejo, en Málaga, podrían responderle que sí tienen una idea clara de quién fue ese tal Gálvez, que tuvo cierta incidencia en la guerra de independencia estadounidense. Fue gobernador (español) de la provincia de la Luisiana, guerreó contra los ingleses de 1779 a 1781, y fue considerado el héroe de la batalla de Pensacola (primavera de 1781).

Con la conquista de la bahía de Pensacola el 10 de mayo y la expulsión de los británicos, Gálvez completó la reconquista de La Florida, con ayuda de algunas fuerzas francesas, en plena revolución de las colonias que daría lugar a la consolidación de Estados Unidos, cuya declaración de independencia habían proclamado 13 colonias el 4 de julio de 1776.
Durante la batalla, el militar español convirtió en su buque insignia el bergantín Galveston, con el que se adentró en la bahía cuando el resto de la armada, procedente de la guarnición de Cuba, no se atrevía, temiendo embarrancar porque creían que el calado era insuficiente. En un primer intento el San Ramón había encallado.
La Luisiana fue comprada en 1803 por Estados Unidos a Francia, que previamente la había adquirido por un acuerdo secreto con España en 1800. La Florida se terminó de anexionar a EEUU en 1813, tras una larga serie de vicisitudes geográficas (sucesivas delimitaciones) y militares. Bernardo de Gálvez goza del reconocimiento como ciudadano honorario de Estados Unidos.
Hoy, en Málaga, en los astilleros Nereo, en Pedregalejo, que se autocalifican como «museo vivo», se construye una réplica a tamaño real del Galveston, que en algún momento, esperan, será botado y amarrado en el puerto de Málaga, para ser visitado por turistas y curiosos. Será en la medida en que los recursos financieros permitan completar la nave, que en estos momentos es apenas un costillar de cuadernas sobre la quilla, con madera de roble americano, como el original de hace siglo y medio.
El proyecto lleva ya casi 20 años desde sus inicios. La madera con la que poco a poco va tomando forma fue donada por Estados Unidos y obtenida en la zona de Galveston (Texas), tras el derribo de gran cantidad de árboles por el paso del huracán Ike en 2008.
El trabajo que se desarrolla en los astilleros (reconocidos por la UNESCO) sigue las normas de construcción de barcos tradicionales. Nereo tiene un pequeño recinto junto al mar, amenazado por planes urbanísticos que pretenden hacer pasar por ahí una carretera de costa que relance el valor de la zona con fines turísticos.
Nereo sobrevive financieramente con la construcción de barcos de madera por encargo y barcas tradicionales, al estilo de las naves fenicias que convirtieron el Mediterráneo en el gran marketplace del mundo antiguo. Las jábegas (nombre que se corresponde también con un arte de pesca) a remo, de entre 6 y 10 metros de eslora y hasta dos metros de manga, recuerdan 3.000 años de historia, con un ojo pintado a cada lado de la proa. Viejas leyendas señalan que su propósito era asustar a los monstruos marinos. Se han convertido en una tradición con competiciones de remo muy propia de Málaga.
Probablemente, a esos recuerdos de la historia fijados en el patio de trabajo de un astillero tradicional les vendría bien que el ministro Borrell moviera algunos hilos, entre las relaciones que pudo cultivar en su reciente visita a Nueva Orleans y en el propio Consejo de Ministros, para echar una mano al esfuerzo privado para reconstruir la memoria de Gálvez en la forma de su bergantín Galveston.
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