Martes, 12 de mayo de 2026

El jugador del Oviedo Santi Cazorla, para el que prácticamente ha sido una temporada-homenja. Su equipo vuelve a segunda.
Fútbol y masoquismo: debe haber un virus en el metro
En la liga de fútbol española (la de primera división, claro) de los 18 equipos, cuatro son de Madrid. Y el único que puede declararse algo feliz es el Rayo, que va a disputar una final europea. Aunque si se llega a descuidar un poco más, casi acaba en segunda para el año que viene. No sería el primer modesto que paga una temporada brillante en Europa cayéndose en el fútbol de casa.
La cuestión es que el fútbol español, con tantas pasiones y tantos fanatismos (cada vez es más fácil confundirlo con la política y viceversa) no da más que para disgustos. Incluso el Barcelona, que esta semana da palmas con las orejas porque se ha confirmado campeón de Liga jugando contra el Madrid, a poco que haga balance de la temporada ya puede ponerse colorado con otro pinchazo en Europa (así lleva once años, pero es que los arbitrajes no son iguales… y los rivales tampoco).
Claro que todo ha sido mucho peor para los dos equipos grandes de Madrid, que han hecho un final de temporada ridículo. El Real, en realidad, toda la temporada. Es difícil explicarse que los hinchas madrileños le pongan tanto ardor a uno y otro. Será que hay por ahí algún virus que produce el mal del masoquismo y se transmite en el aire del metro. Bueno, y en los saraos VIP, porque el fútbol es como la muerte, no hace diferencias de clases ni de posiciones sociales.
En el caso del Atlético, casi siempre feliz sólo con ser capaz de ganar con goles alguno de los partidos que le tocan con el eterno rival, se conformará con ser cuarto en España tras una flagrante decadencia en los últimos dos meses, después de haberse creído un año más esa pamema de que “la Copa de Europa le debe una”, como si el juego no empezase cada temporada en la misma casilla de salida. Encima, perdiendo el premio de consolación de la Copa en la final, que chincha más.
Y lo del Madrid, todavía peor. Ha hecho una campaña disparatada, con un equipo cojo, tanto por los lesionados como por la muy deficiente composición de la plantilla, con muchas estrellas de jugar el balón “al pie” y ni un solo jugador capaz de organizar el juego y ponerle personalidad. Ni entrenador, tampoco. Ahora le toca jugar con el Oviedo, ya descendido el lunes, que está más bien en temporada de homenaje a un futbolista cuarentón. Será un espectáculo.
Lo más simbólico pueden ser los entrenadores de los dos equipos madrileños. Histriónico y circense el del Atlético, hierático y pasmado el del Madrid. El primero se ha convertido ya en una especie de pétreo ministerio en sí mismo y el segundo será fugaz y anecdótico en un par de semanas, aunque ambos ponen cara y sustancia a esa enfermedad que se adivina transmitida en los transportes públicos. ¿Cómo pueden vivir consigo mismos, una semana tras otra, en medio de esa vorágine de locura y masoquismo de la gente, bastante engañada si se cree a los comentaristas y cuchufletistas que por todos los medios de comunicación se empeñan en venderles que están asistiendo a “la mejor liga del mundo”?
Para los que gustan fustigarse cada dos por tres, sea con el fútbol o con la política, desde luego España es la número uno. En las tiendas oficiales de los clubes deberían vender cilicios en vez de bufandas y camisetas.
/Julio Miravalls
