RELATO
Miércoles, 24 de diciembre de 2025

Ilustración navideña creada con IA generativa Gemini.
Cuentecillo de Navidad
Las siete y media. Reunión de portada. Media docena de tíos, y dos tías, miran enfurruñadamente las respectivas pantallas de sus móviles. Bueno, dos de ellos no. El director mira al techo, como si tratase de descubrir un QR entre las grietas de la escayola, y el otro hace dibujitos con un lápiz en un cuaderno. Un lápiz de grafito y un cuaderno de papel.
De vez en cuando, algún suspiro rasga el silencio. Poca cosa. Pero de repente entra como loco el de redes sociales: “Lo tengo, lo tengo…”, grita como un poseso.
Todos le miran espantados. El director hace gestos nerviosos con las manos, reclamando el móvil que el recién llegado agita en todas direcciones.
“¡Mira, mira…!, es un tiktok que lo está petando totalmente…”.
Los reunidos saltan de las sillas y se arremolinan mirando la pantallita.
“Nada… Es un pirao, disfrazao de Papa Noel, que se pone a bailar como loco y de repente, ¡zas!, se le cae el almohadón que le hace gordo. Pero, nada, el tío sigue dando brincos como si tal, mientras los críos salen disparaos…”, describe entusiasmado el de redes.
Todos ríen y hacen comentarios jocosos. El director vuelve a buscar el QR del techo, con gesto sombrío: “No sé… parece un poco tétrico para la portada de Nochebuena. Parece un parto”.
“Pero si es una imagen graciosa y alegre”, dice la de cultura. “Y tiene un Papá Noel…”.
El grupo se queda en silencio, todos pensativos. “Un Papá Noel… sí”, se escucha un murmullo de aprobación.
“...Y en Nochebuena se celebra un parto...”, susurra alguien sin identificar.
“¿Y si ponemos algo de las imágenes de seguimiento del trineo de Papa Noel que hace el ejército americano?”, plantea el de ciencia. “También son del día y es noticia”.
“Quizás…”, sentencia el director con gesto adusto. “Y lo del bailarín, lo dais en la web”.
“¡Estáis todos tontos!”, refunfuña demasiado alto el del lapicero, mordisqueándolo. Es el más viejo de la reunión y el único que no se ha levantado a mirar el vídeo. Dieciséis ojos acusadores se clavan en él, haciéndose un silencio sepulcral.
El del lápiz se encoje de hombres, repantingándose en su silla y aguantando con media sonrisa el acusador coro silencioso.
“Con la de cosas que están pasando aquí y en todo el mundo, ¿queréis poner esa chorrada en portada? ¡Pero si el gordo de colorao ni si quiera es una tradición de aquí! Hace 30 años sólo lo veíamos en las pelis americanas… Y hasta los pequeñajos saben que Papá Noel es de mentira. Por lo menos a los Reyes Magos yo sí los he conocido… Y vosotros también, ¿a que sí?”, se explaya socarrón.
“¡Y tú qué sabes!”, salta enfurecido el de ciencia. “¿Por qué lo iban a seguir con los satélites de la NASA y del Pentágono si no hubiera algo más detrás…? ¿Y si en realidad hay un ser que llega cada año al Polo Norte desde algún sitio de fuera, hace un reconocimiento del planeta y luego se larga otra vez mientras todo se encubre con lo de los regalos…?”.
El del lapicero se atraganta de la risa, musitando “va a ser un alien, ¿no te digo…?”. Los demás le increpan con todo tipo de adjetivos. La de cultura repite como posesa una y otra vez “¡negacionista de mierda…!”.
El director corta en seco la algarabía haciendo una enérgica tijera en el aire con sus manos. “¡Basta! Tenemos una idea. Buscad esa imagen del seguimiento a ver qué hay. Y a ti”, añade señalando al disidente del lapicero, “de esta te jubilo”.
“No puedes. Me faltan dos años y no te deja la ley… Te llevo a juicio y lo gano. Estamos aquí para discutir”.
“Pues te meto en el ERE. ¡Despido fulminante!”, insiste el director.
“Pero si ahora no tienes ningún ERE abierto. Me vas a tener que dar un pastón si quieres que me vaya. No te va a dejar el señor CEO”.
El director gruñe como un bulldog rabioso. “Entonces te vas a la noche. Te vas a hartar de cerrar el periódico hasta las tantas…”.
“¡Directoooor...!, si llevo quince años de redactor jefe de noche. Y total, para la mierda de ejemplares que tiramos, se acaba enseguida”.
“¡Pues te mando a la web, que te va a encantar!”, sanciona enérgicamente el director.
“¡No, eso no! ¡Qué nos rompe el buen rollo”, exclaman todos a coro, encaminándose despavoridos hacia la puerta.
El director vuelve a mirar al techo. Da por perdido el QR que buscaba y sale solemnemente de la sala de reuniones sin decir más.
“¡Vaya! Pues otro día que nos quedamos sin portada. A ver qué se les ocurre poner al final…”, rezonga el del lapicero, mientras tacha en el cuaderno sus últimas anotaciones. “Como si no tuviéramos un montón de estupendas malas noticias de portada…”.
/Julio Miravalls
