Domingo, 21 de septiembre de 2025

Solar otoñal recién 'depurado' por la excavadora. Ahora, a construir. /JM
Otoño
En Madrid, en Otoño, no sólo caen las hojas. A veces caen también las casitas que un día marcaron el color de un barrio. Blanco y modesto.
No es una tendencia exclusiva de la capital. Esta semana se publicaba que en Valencia planean derribar las casitas rosas de la playa de la Malvarrosa. Explica la autoridad que están en lamentable estado y, como mucho, okupadas. No habitadas por quienes sean sus derechohabientes. Pero al menos parece que han sobrevivido de momento al último día del verano.
Tambien la casita que ha caído en la última semana de los calores oficiales madrileños tenía ya mala pinta. Cerrada con cadenas y candados, con aspecto de albergar más humedades que seres vivos y claros síntomas de decrepitud. Pero ahí seguía, con sus muros encalados, esperando tal vez alguna nueva generación de herederos...
Sin embargo hoy, al llegar oficial y astronómicamente el Otoño, sólo queda el solar. La casita ha caído.
Cada fin de semana los noticieros televisivos nos ilustran sobre la crisis de la vivienda, carísima y escasísima, para que los polluelos no puedan salir de casa de los padres a nidar por su cuenta. Y cómo el gobierno no sabe cómo resolverlo, la iniciativa privada tira espasmódicamente por su cuenta en cada hueco que pilla. ¿Falta vivienda?, pues es el momento de construir aunque sea a precio de oro.
Y ahí están los resultados. Donde había una casita blanca, ahora hay un solar algo más grande de lo que parecía. Y los frutos del arado con forma de excavadora serán un gran agujero en la tierra del que surgirá, seguramente, un garaje para unos cuantos coches, un jardincillo posmoderno y media docena (o más) de pisitos coquetos. Quizás sean chiquitines, pero bien situados, a cinco minutos de la M30 y a otros cinco minutos, andando, del nudo de comunicaciones de Ciudad Lineal, con metro y autobuses varios. Tendrán terraza. Probablamente sean de 600.000 a 800.000 euros por puerta. O más, por supuesto. Los precios sí que van en cohete.
La decadencia otoñal, en la naturaleza, es nada más que un preámbulo para la siguiente Primavera. En los usos humanos, también.
/Julio Miravalls
