Domingo, 14 de septiembre de 2025

Palomas y cotorras argentinas picotean en el mismo césped sin incordiarse mutuamente. /JM
Pájaros
Se vuelven a escuchar voces de alarma sobre la 'gripe aviar', que hace 28 años se anunció como una terrible amenaza proveniente de Oriente. Empezó llamándosela la gripe del pollo, pero acabó con aeropuertos semicerrados, controles de temperatura a distancia, mascarillas y pánico mundial. Fue el ensayo general de la pandemia que llegó de verdad en 2020.
El caso es que ahora no es infrecuente que se detecten casos en lugares de cualquier parte del mundo, cisnes que mueren en un lago, gallinas en un granja, o pájaros de diversas especies que dejan sus cadáveres en algún paraje. Se disparán las alarmas y los sistemas de seguridad. Más o menos, casi todo controlado. Hace unos días se detectó un brote en Guadalajara y les ha costado la vida a 37.000 gallinas. Por precaución.
Mientras, en Madrid, dos especies que dan motivo para ser miradas con el ceño fruncido empiezan a aprender a convivir y picotear juntas en el mismo terreno. Las palomas son tomadas como una plaga en casi todas las ciudades del mundo, por la suciedad que desparraman con sus corrosivas deyecciones. Y las escandalosas cotorras argentinas, una especie invasora que aleja a las avecillas más pequeñas, componen una continua escandalera con la jerigonza de sus gritos y amenazan las cabezas de los vecinos construyendo pesados nidos en las ramas de los árboles. El ayuntamiento madrileño aplicó un programa para reducir la población de esos pájaros verdes, pero han vuelto a proliferar este verano.
Si ambas especies conspiran juntas, acabarán haciendo la ciudad insufrible. Y todo esto lo coge Alfred Hitchcock y nos deja sin ánimos para volver al cine.
/Julio Miravalls
