Viernes, 8 de agosto de 2025


Mediodía en Madrid, 51 grados al sol. /JM

Sin palabras

Esta bonita imagen captada en Madrid a eso de la una de la tarde de ayer va dedicada a los apocalípticos de la meteorología que amenazan de muerte a quien no se beba una botella de agua cada vez que sale a la calle. Son 51 grados al sol. Sin palabras...

Aunque, habrá que avisar a los pusilánimes que a veces una imagen no vale más que mil palabras, sino muchísimo menos. Nuestros ojos pueden aceptar el engaño. El sentido común, no.

Esas marquesinas metálicas, de aluminio o de lo que sean, con un sensor de temperatura en su interior, acolchadas de cristales que concentran los rayos solares, acorazadas de chatarra cromada, mienten. Pueden asustar con semejantes excesos, pero mienten.

Con la población acogotada por el terrorismo climático de quienes se han hecho un modo de vida a base de convertir en una terrible amenaza cada profecía del tiempo que va a hacer mañana (eso les da portadas, aperturas en los noticieros en la tele, notoriedad...), nada más estimulante que mostrar un termómetro señalando 51 grados. Pues ahí está: vamos a morir de calor. El asfalto se fundirá, tragándose a los ciudadanos, como en la recordada y añeja pieza televisiva de Ibáñez Serrador. El fin del mundo planea sobre nuestras cabezas.

Y luego, cuando se nos pase el mal trago, nos vamos a la terracita pegada a la parada del autobús y nos tomamos una cerveza con humos de los coches que pasan. Total, a vivir que son dos días. O cuatro. O quién sabe cuántos. Depende del modelo de predicciones que queramos elegir para el siguiente telediario. /Julio Miravalls