EL BESTIARIO


 Domingo, 27 de abril de 2025


Saturno devora a sus hijos, cuadro de Francisco de Goya.

Carlo Ancelotti

Saturno es la versión romana del titán griego Cronos. Sugiere la idea del paso del tiempo, que en la pintura de Goya, en la que el dios devora a su hijo, evoca que el paso del tiempo acaba destruyéndolo todo. Es una interpretación. Así que puede quedar al criterio de cada cual entender si el entrenador del Real Madrid Carlo Ancelotti es el que devora, o el devorado. O ambos a la vez: el propio mito alimentándose de lo que queda de su propia realidad…

Aunque lo verdaderamente fascinante del fenómeno Ancelotti en la temporada 24-25 son todos los modelos de reacción e interpretación que se disparan en torno a él. Todo un conflicto de simbolismos bastante ajenos a la realidad cruda y directa: que su trabajo en este ejercicio se va abocando directamente al desastre desde que empezó en agosto. Los comentarios, las opiniones y las tendencias grupales, por el contrario, se diversifican entre los que le exculpan por completo, tal vez con una idea fatalista dispuesta a culpar a cualquier otro dios que se ponga a tiro (¿Saturno?); los que le acusan argumentando que se le ha pasado el arroz; los que desvían la bronca hacia los jugadores, por vagos y poco comprometidos; los que lo hacen culpando a la directiva y responsables del club por obligarle a tirar con lo que hay; …y los que simplemente lo celebran y desearían que siga en el club odiado muchos años más.

Probablemente lo más acertado es responsabilizarle de muchas cosas mal hechas en una entidad que es, al fin y al cabo, uno de los motores principales de una actividad que mueve muchísimo dinero en España. Si el fútbol español deja de tener esa imagen de competencia feroz entre varios titanes (preferiblemente más de dos y que ninguno de ellos sea precisamente Cronos), parece probable que se desplome su valor económico.

Pero lo más asombroso, desde un punto de vista periodístico, es observar cómo respiran, interpretan y tratan de maquillar y transformar la imagen del fenómeno quienes públicamente han de comentar sus efectos día a día.

A Ancelotti le va a ser difícil sobrevivir sin ahogarse en tantas babas (de babeo) que han vertido sobre él. Lo primero es la defensa cerrada del mito: el entrenador que ha ganado más títulos en la historia del Real Madrid. El caballero de la ceja alzada que casi nunca tiene una mala palabra para nada ni nadie. El genio que hizo convivir en el vestuario al puñado de egos más brillantes reunido en muchísimos años… Y todo eso significa que al entrenador nadie le puede discutir hoy.

Es la esencia que se traduce en que los periodistas y propagandistas de la televisión eludan totalmente criticarlo. Y una gran parte de los que escriben en medios reconocibles, también. La protección del mito por encima de todo. También ocurre con otros mitos. Con el jugador Modric, que este año cumple los 40. En la final de la Copa, recién disputada, fue un pase suyo que se quedó corto el que dejó el balón al alcance del autor del gol barcelonista decisivo. Pero los comentaristas optaron por culpar al jugador madridista que debía recibir ese pase, Brahim, por no ir a buscarlo. Son los mitos los que alimentan la propaganda y el marketing de la actividad y parece obligado mantener su lustre por encima de todas las cosas, pese a la evidente decadencia. Cronos no perdona.

Se podría recordar, en el caso de Ancelotti, que en realidad su fracaso de esta temporada no es la primera vez que le ocurre, porque tiene que ver quizás con su manera de interpretar el trabajo: dejar hacer a los que saben. O sea, poner en la alineación a los que considera sus mejores futbolistas y que resuelvan. Ya le pasó en la temporada 22-23, cuando su equipo llegó a sacarle ocho puntos al Barcelona antes de diciembre. Exprimió a sus jugadores y acabó, agotado, diez puntos por debajo. Y el Barça fue campeón, claro.

No es muy obvio que, como entrenador, él intente tener voz y voto en la confección de su plantilla (al final de la pasada temporada tuvo bajas muy relevantes en defensa y centro del campo, además del año añadido a los que se quedaban y los lesionados de larga duración. Y ni miró al mercado ni a la cantera. En diciembre, segunda oportunidad, tampoco).

Lo que sí es demostrable es que, con los jugadores en los que confía, está a muerte. O sea, hasta que se le mueren en el campo. Los machaca partido tras partido, los vuelve a alinear recién salidos de lesiones (y vuelven a caer) y apenas concede algún que otro descanso de seis o siete minutos al final de los partidos. Minutos de la basura, o de la desesperación, para los aburridos suplentes fuera de ritmo competitivo, mientras los titulares llegan muertos a este momento del año. Sobre todo con el absurdo calendario planteado esta temporada. Muchos de los mejores futbolistas llevan ya alrededor de sesenta partidos en treinta y pico semanas. Y los que les quedan...

¿No son hechos flagrantes para cualquiera que siga el fútbol? Especialmente en este curso, que empezó agotador para todos en pleno agosto, sin pretemporada ni tiempo de entrenamiento, casi sin vacaciones tras exigentes eventos internacionales (Eurocopa, Copa América, Juegos Olímpicos...). Ahora, al final del maratón, un equipo que no haya administrado sus fuerzas desfallece en las últimas semanas decisivas. Caso evidente del Real Madrid.

¿No le toca alguna culpa el responsable de hacer las alineaciones y los cambios durante los partidos? A veces no hay más remedio que ceñirse a la navaja de Occam: entre varias explicaciones posibles para un fenómeno, la más sencilla suele ser la correcta.

Pero esto no lo ha visto venir nadie, de la campanuda grey de comentaristas expertos, capaces de derrochar diez minutos de disquisiciones técnicas para explicar una sola jugada.

La ceja levantada de Ancelotti es la interrogación sin respuesta de un mal periodístico que todo lo invade. Opiniones, explicaciones, justificaciones, cháchara y expiaciones en favor de algo, o alguien, que alimenta la mitificación, la idea preconcebida y el mantenimiento de un statu quo que el opinante considera que le conviene o refuerza sus objetivos e imagen personales. Está pasando, en España y quizás en todo el mundo, en una progresiva perversión de un periodismo que abdica de algo tan básico como ver lo que pasa y contarlo tal cual, sin prejuzgar las consecuencias.

El actual entrenador del Madrid se merece, por supuesto, todo el respeto que su distinguido historial requiere. Como cualquier otro profesional que ejerce su trabajo tan en exposición pública. Pero eso no impide que sea responsable de sus decisiones, de sus acciones y de sus equivocaciones de hoy. Como cualquier obrero manual o cualquier primer ministro. El lustre y la gloria del pasado son para lucirlos en vitrina y recolectar admiraciones. El presente es de Saturno. Y te devora. /Julio Miravalls

PS.- Últimas noticias: parece que Ancelotti ha anunciado que deja el Madrid y se va a hacer de seleccionador de Brasil. Nadie puede discutir que es un hombre listo

Un mes después.-Acaba la liga con el movimiento más lógico: se van de momento Ancelotti y Modric, también Lucas Vázquez, que va a cumplir 34, y no sería raro que algún otro treintañero. La vida y el deporte son así. Todos nos hacemos cada 12 meses un año más viejos