Viernes, 21 de marzo de 2025

El río Manzanares, vigilado por las cámaras en directo.
El aprendiz de río se gradúa
Cuentan que en su rivera habitaron dinosarios y, después, tigres dientes de sable. Que pudo haber asentamientos neandertales y cazadores de mamuts. Y todos bebieron de sus aguas mansas y a menudo escasas, aunque también se narra alguna inundación en el siglo XV o algo así.
Hoy, sin embargo, las cámaras estaban en alerta porque el aprendiz de río (Quevedo) celebraba el día de su graduación. Sin esperar a una lluvia de cuarenta días y cuarenta noches, para repetir el diluvio universal que narra la Biblia.
En plena histeria medioambiental, sensibilizada toda la típica teatralidad urbanita de banderas rojas, tras la reciente riada (terrible) en Valencia, las fuerzas vivas y los media se han movilizado en la vigilanza del río Manzanares, esperando su desmadre en cualquier momento.
Parece que se ha salido un poco por los bordes en la zona de lo que un día fue el parque sindical y ha inundado alguna arboleda. No ha derribado puentes, no ha invadido las calles y si el agua se ha colado en algún garaje será porque no estaba en el mejor lugar.
Al final, parece que el Mazanares es un río manso y cosmopolita, que acepta la moda de cemento que le señala los bordes, como antaño aceptaba los patos que le echaron.
Hoy, que empieza formalmente la primavera, ha echado una canita al aire y ha llamado la atención de espectadores aburridos. Pero es un río ciudadano. Se tomará las apreturas con calma, como todo hijo de vecino que se mete en el metro en horas malas.
/Julio Miravalls
