Miércoles, 12 de febrero de 2025

Procesionaria del pino sobre las baldosas madrileñas. /JM
Tiempo de procesiones
Contaban en la tele, (¡ay, qué asquito!, dirán algunos), que en diversos lugares del Norte de España ha empezado a aparecer la oruga procesionaria del pino. Un bicho muy repugnante, "que puede causar graves problemas y enfermedades a los niños y a las mascotas. Y a los perros, hasta la muerte". Si se las comen, claro.
Hablaban del grave caso de Martutene, barrio al sur de San Sebastián, famoso antaño por su cárcel, de la que en estos tiempos ya no se habla apenas. El desfile de orugas era tal, que el ayuntamiento donostiarra ha tenido que intervenir en plan de emergencia para calmar a los vecinos, casi preparados ya para un motín, indignados por la ausencia de bolsas trampa para eliminar a los desagradables insectos.
Pero no hace falta irse tan al norte. Ahí está la prueba: calle Torrecilla del Puerto, en el barrio madrileño de Chamartín. Un ratito de sol, pasado el mediodía, y el ejército uniformado de verde desciende de un viejo pino, donde anidaba, para iniciar su exploración en busca de un lugar donde enterrarse para procesar su metamorfosis.
Estamos llegando a medidados de febrero y la thaumetopoea pityocampa anticipa los tiempos de Semana Santa y las procesiones. Pero mejor no arrimarse mucho a estas cofrades procesionantes. Sus pelillos llevan un veneno urticante muy fastidioso.
¡Vamos!, como si no tuvieramos ya suficientemente envenenadas las actualidades.
/Julio Miravalls
