Domingo, 5 de enero de 2025


A Sánchez le falta la imagen de un icónico beso con Puigdemont para convocar elecciones ya.

Año franquista, año electoral

Mientras las encuestas de unos y otros medios se empeñan en creer que España puede cambiar el futuro, porque el partido del Gobierno sale cada vez peor retratado, parece claro el propio Gobierno no se lo cree y tiene pinta de estar preparando elecciones para este mismo año. Hay un síntoma infalible, el Gobierno ha proclamado 2025 año franquista, para conmemorar el cincuentenario luctuoso del dictador.

Seguramente el primer ministro Sánchez sí sabe que le queda poco por repartir entre sus socios nacionalistas y de extrema izquierda (si en España existe una extrema derecha, es obvio que también existe una simetría). Cuando les dé lo último que piden, la independencia, en las siguientes elecciones ya no podría contar con ellos para apoyarle. Con Puigdemont ya sólo le falta la fotografía del beso en la boca, como aquel besazo de mural en Berlín entre Honecker y Breznev, ¡puaff…!, para asegurarse unos meses de prórroga. Así que, es ahora o nunca.

Es el momento de ofrecer la Luna, retomando aquello que dijo el francés Jacques Chirac (ese sí era presidente de su país), de que las promesas electorales sólo comprometen a quienes se las creen.

Además, el PSOE ya ha visto que cuando la corrupción le rebosa, a su suelo de votantes no le da ni frío ni calor. Lo único que preocupa es que la economía parezca ir bien. Si los datos de la macro dicen que esto funciona, pues ya está. Ni el paro, ni las horas de trabajo, ni ese concepto de “umbral de la pobreza” cada vez más cercano a lo que antes llamaban clase media, ni los problemas que puedan tener los jóvenes (hasta los cuarenta y tantos) para tener hogar propio…

Ahora bien, tal como va lo de la vivienda, el primer ministro debe saber que en algún momento estallará la burbuja y la economía se tambaleará para desplomar el globo macroeconómico sobre las espaldas de los contribuyentes. Y, eso también lo sabe, las dos veces que el PSOE ha perdido el poder (González y Zapatero) ha sido porque España entró en recesión (ambas, con Solbes de jefe económico; ya es un récord). La gente no podía irse de cañas con tanta alegría. Es otro ‘ahora o nunca’ para tener en cuenta.

Sánchez, el gobernante más franquista que ha tenido España en los últimos 47 años (no sólo se esfuerza por mantenerlo vivo, también le imita: gobierna por decreto, las Cortes son de adorno, demoniza a los desafectos al régimen e intenta controlar todos los poderes del Estado), saca otra vez de la tumba a su más querido enemigo íntimo. No es la primera vez. Lo ha hecho en vísperas de todas sus convocatorias electorales, con el mismo fervor con que Franco se encomendaba al brazo incorrupto de Santa Teresa. Decían que se lo ponían sobre la cama.

El primer ministro pertenece a esa generación de niñatos cuarentones (o ya cincuentones) de la política, que se creen que saben lo que pasó porque se lo ha contado alguien de su confianza. En política, no se aplica el rechazo a los sesgos, que tanto perturban a la inteligencia artificial. Y no captan, esos políticos, que era una especie de broma [en el fondo, nostálgica] aquello que decían algunos viejos opositores en los años 80 de que “contra Franco” vivían mejor.

El plan para este año es convertir a Franco en el adversario político a batir. Sánchez sueña con ganarle a Franco unas elecciones y va a pasear el fantasma por toda España, como si fuera un sochantre unido a la Santa Compaña (Alvaro Cunqueiro), para asustar a las viejas, a los niños y a los perros, que son muy sensibles al ectoplasma. Si, encima, sus opositores reaccionasen afeándoselo, ya tendrá el mejor argumento electoral: “¿Lo ven?, defienden a Franco…”.

Las cartas están sobre la mesa, bastante claras. Estamos en vísperas electorales, a menos que se le terminen de torcer de manera irreparable los negocios con los nacionalismos, o estalle la tercera guerra mundial. El primer ministro sabe que terminar de hundir el trampantojo de la extrema izquierda gubernamental no le va a reportar automáticamente esos votos a su propio partido, pero tampoco necesita ganar para seguir ahí si hay otros dispuestos a apoyarle a costa de sus entretelas. Las últimas elecciones las perdió por 137 a 122 y ahí está.

Así que Sánchez tiene que aprovechar la candidez de la derecha (su visión y aprovechamiento del marketing electoral es netamente inferior a la creatividad de la izquierda) y confiar en que meta el pie en algún charco del cementerio franquista. Eso sí que sería un fango indeleble para volar a las urnas.

Y, además, si saca ahora a relucir a Franco, que seguramente no interesa ni preocupa lo más mínimo al 99,9% de la población, ¿cuánto tiempo podrá mantener la “necesaria tensión”, que le decía confianzudo Zapatero a Iñaki Gabilondo? Un año entero es mucho tiempo: tendrá que convocar las elecciones antes.

Es una apuesta. /Julio Miravalls