Miercoles, 25 de diciembre de 2024
Un poco de oscuridad en la nochebuena que hasta deja ver una estrella sobre el tejado (es Júpiter, en realidad). /JM
Oscuridad navideña
A ver, niños, tapaos los oídos porque lo voy a decir muy clarito: Papá Noel no vino anoche a ninguna casa, con o sin chimenea, porque no existe. Es una fantasía, elevada a mercancía de gran consumo por el cine americano y el marketing, con la complicidad de cosas tan bobas como fingir que la NASA hace seguimiento de su viaje en trineo o que le escoltan los cazas de la US Air Force.
Y una cosa es alentar la fantasía infantil, bendita sea, y otra enloquecer, llenar las calles de símbolos trasplantados y ponerle cuernos de reno a los coches. Que, por cierto, es ilegal, porque alteran la carrocería y tendrían que someterse a revisión y autorización de la ITV, según expertos.
Pero, al menos, este año consuela ver que la locura ha menguado respecto a años anteriores. Ni se ven en las casas [por mi barrio] tantas lucecillas yendo y viniendo, como para provocar un ataque epiléptico, ni hay una multitud de monigotes vestidos de rojo colgando de las ventanas, como hace algunos años.
Es agradable ver las calles casi a oscuras. Con las luces mínimas, que permiten hasta ver algunas estrellas. Aunque el brillo que se atisba sobre el tejado, al fondo, es en realidad Júpiter.
Hay mensajes en redes sociales que aconsejan estos días felicitar las fiestas, no las navidades, para no herir susceptibilidades.
Vivimos en una sociedad laica. Pero todo el mundo se apunta a tener unos días de vacaciones con la excusa navideña. Incluso a convertir estas fechas en ocasión de reuniones familiares impensables el resto del año, aduciendo un impostado espíritu navideño de paz y felicidad.
Todo eso no está reñido con abrazar el calendario mirando con escepticismo, y una ceja más levantada que el mismísimo Ancelotti, los significados religiosos y tradicionales de estos días. Al fin y al cabo, hay raíces sociales que se hunden en tiempos inmemoriales para celebrar el solsticio de invierno (21 de diciembre), como el día más corto y la noche más larga del año. Un momento de esperanza en el ciclo de regeneración, Los días volverán a crecer desde ese momento y volverá el calor del sol…
Lo absurdo es dar por amortizadas las viejas tradiciones y creencias de nuestros ancestros más cercanos, por puro racionalismo, para en el acto abrazar con locura exhibicionista tradiciones similares de importación.
¿Cómo se les explica a los niños que un día viene Papá Noel en un trineo tirado por renos, con toda la parafernalia cinematográfica y un montón de regalos, y doce días después vienen tres reyes asiáticos montados en camellos para repetir la jugada?
Los más pequeños, claro, no necesitan entender nada. Y los que empiezan a discurrir un poquito se harán los locos y se abrazarán a la ocasión doble del regalo. Pero se darán cuenta enseguida de que algo no cuadra. La magia, todos lo aprenden enseguida, sólo ocurre en las pantallas.
Y así será mucho más difícil que conserven la ingenua ilusión más tiempo. El tipo gordo vestido de rojo es en realidad el hombre del saco, que se lo lleva lleno de jirones de infancias arrebatadas cada vez que sus ficticias visitas sirven de excusa para otra catarata de estímulos publicitarios.
Por eso es grato sentirse en el lado correcto cuando haces el grinch, celebrando que este año sean mayoría las casas un poquito más a oscuras.
/Julio Miravalls
