Jueves, 17 de octubre de 2024

Un autobús con 'el culo al aire', después de abandonar a los pasajeros en la parada. /JM
Con el culo al aire
Si llueve, si hace viento, si se prevé una manfiestación o cualquier posible acto público o si, simplemente, han abierto otra zanja más en alguna calle, los luminosos se llenan con un mensaje: 'Utilice tte. público'.
El 'tte' no es, como uno ingenuamente pudiera pensar, abreviatura de 'teniente', que es lo que significaban esas letras en el ejército. Claro que ahora casi nadie va al ejército.
No. 'Tte' significa 'transporte'. Y signfica también 'no mire al reloj: coja el autobús, el metro o lo que sea y déjese de mover el cochecito por las calles, que no es para eso para lo que paga impuestos de circulación'.
Los autobuses públicos proponen una paradoja fascinante, del estilo de la carrera entre la tortuga y la liebre: si la tortuga sale con una determinada ventaja, aunque la liebre corra el doble de rápido que la tortuga, nunca podrá alcanzarla. Pongamos que en el primer minuto deja la ventaja en la mitad. En el segundo minuto, la ventaja quedará reducida a la cuarta parte. En el tercero, será un octavo. Y así sucesivamente.
Si, a medida que la ventaja de la tortuga se va reduciendo, tomamos segmentos de tiempo más cortos, la liebre habra reducido en cada uno la ventaja a la mitad. Y siempre quedará otra mitad pendiente. Es una reducción al absurdo pero cuando el cronómetro se mida en nanosegundos, la tortuga siempre seguira aventajando a la liebre en la mitad de la ventaja anterior.
En el tráfico de la ciudad, los autobuses son las tortugas y los coches, las liebres. Las tortugas van por sus carrilitos privados, parándose cada cien metros más o menos, con toda la seguridad de que nadie se les puede poner por delante. Llevan las de ganar...
Mientras, las liebres intentan avanzar a codazos entre una horda de chapa. Pero, ahí está el fallo de la lógica en la carrera imaginaria, en algún momento se produce una ruptura de los esquemas. Será un fallo no explicado del continuo espacio tiempo. Entonces, la zancada de la liebre rebasa a la tortuga y, a partir de ese momento, en cada segmento de tiempo que se quiera medir le sacará de ventaja el doble de lo que la tortuga haya avanzado.
Y eso, si los sufridos viajeros del autobús tienen la buena suerte de que el viaje se limite a eternizarse. Porque puede pasar que en medio de la noche al autobús tortuga, precisamente cuando más podía correr, le da un pasmo y se queda con el culo al aire, dejando en las mismas a sus pobres pasajeros. Mala suerte, ¿no?
/Julio Miravalls
