Lunes, 19 de agosto de 2024


La calle peatonal, sin salida porque acaba en una acera, vacía y totalmente asfaltada. /JM

Calle peatonal

Al Ayuntamiento le encanta engordar las estadísticas con calles peatonales. Lo que pasa es que en esta de la imagen se le ha olvidado poner los peatones. Y le sobra el asfalto.

Es verdad que en pleno agosto y con el Sol en lo alto, los barrios fuera del centro no andan muy sobrados de peatones para ponerlos ahí. Pero, hombre...

Hay que mirar con atención las características de la calle Hernández Iglesias, en el distrito de Ciudad Lineal. Empezando por el sutil detalle de que es una calle cortada, sin tráfico natural, porque, como se aprecia en la foto, está rematada aquí por una acera transversal.

Lo segundo que debe apreciarse es que se trata de una calle corta. Y otra vez rematada en el extremo más alejado (menos de 200 metros) por otra calle perpendicular, con acera y edificios. En definitiva, nada de pasar coches por ahí.

Otro detalle relevante: es una calle puramente residencial. No se aprecia ni un solo comercio. Nada de nada. Casitas bajas, unifamiliares.

De modo que, si no es para aparcar coches de los propios vecinos, ¿qué sentido tiene mantener ese tramo muerto de calle peatonal con aceras y asfalto? En las ciudades civilizadas de Europa, a las calles que no han de pisar los neumáticos les quitan la capa negra. La cambian por adoquinados, o algún ajardinamiento, para que merezca la pena pisarlas sin quemarse los pies. O sea, para andar, que es lo que se supone que hacen los peatones.

El urbanismo de los años 60 y 70 del siglo XX se concentró en dar paso a los coches con la mayor agilidad posible por toda la ciudad. El del siglo XXI se esfuerza por ponerles la mayor cantidad posible de trabas para que no pasen.

Pero es que en la segunda mitad del siglo pasado, en Occidente, se puso todo el énfasis en dar valor a las libertades individuales. Seguramente para contrastar mejor con el corsé de limitaciones del otro bloque ideológico.

El siglo XXI, en cambio, se empeña en la colectivización. En los derechos grupales y atribuidos a determinados colectivos particularizados. La política y los activismos han creado una masa gris, a la que los derechos le caen del cielo. Llueven desde el Olimpo de los políticos que a nadie representan, porque sólo venden mercancía propia, y a cambio las únicas obligaciones son no significarse individualmente en nada relevante. Nada de pensar por libre. Fotitos memas en las redes, sin problema.

Y la cuestión de los coches particulares es apenas una consecuencia colateral de semejante tendencia al rebaño. Aunque significativa.

En cuanto a la dichosa calle peatonal, lo más difícil es imaginar qué sentido le dio el funcionario técnico que redactó el informe para la firma del político municipal de turno. ¿Alguien cree que sobre ese yermo negro y recalentado por el Sol pueden siquiera aprovechar el enorme vacío para jugar al fútbol los chiquillos, a riesgo de llenarse de raspones en cada caída?

Pero, ¡caramba!, si ya no quedan chiquillos ni peatones. /Julio Miravalls