EL BESTIARIO
Sábado, 10 de agosto de 2024

Carlos Puigdemont, en carteles. /PIXABAY-Makamuki0
Carlos Puigdemont
Los guionistas se leyeron primero El Conde de Montecristo y luego vieron la película sobre las aventuras de Papillón, sin dejar de mirar el calendario político y judicial. “Oye, Pedro, tenemos un gran hit para el verano”, le dijeron al jefe, ofreciéndole una primera sinopsis en dos cuartillas. “¿Con Carlitos?”, inquirió con cara de póker. “Si claro, con él…”.
“Bueno…”, dijo pensativo el Presidente, según le motejan en prensa, intercambiando un guiño con su presidenta consorte. “Nos vendrá bien, que va a ser un verano calentito. Dejadme cinco días para reflexionar”, añadió, despidiéndolos con un gesto y echando las cuartillas al archivo americano [vulgo, papelera].
“¡Ah!, pero, entonces, ¿lo preparamos para Netflix o…?”, se atrevió a intervenir el subjefe tercero de la cuadrilla, un poco tarambana. “¡No, no! Para el Telediario y los medios afines. Como siempre”, cortó en seco el gran jefe, dándose media vuelta para ignorar las reverencias de despedida.
Al cabo de los cinco días de reflexión, el director de narrativas recibió instrucciones por carta. “Vamos a hacerlo con un toque dramático, profundo y enamorado”, le decía el puto amo. “O sea, me han aconsejado que sea algo así como inspirado en la Barraca de García Lorca, que es de los nuestros”.
“Pero, presi, es que la Barraca fue un teatro ambulante donde ponían sobre todo obras clásicas del Siglo de Oro, ¿cuál escogemos?…”, replicó por Whatsapp, el responsable de narrativas.
“No, no… Necesitamos algo moderno y dinámico, nada que pueda recordar rutas imperiales. Quiero algo más vivo, más al estilo de, por ejemplo, Pulp Fiction [literatura barata, o aventuras de tebeo, según se entienda], que la vi el otro día [la peli] y me pareció muy entretenida”, explicó el líder supremo a través de un corre-ve-y-dile.
“Vale, ¿y a quién ponemos de señor lobo?”, preguntó a su equipo, angustiado, el primer escribidor. Pues al pequeño taraska, o al señor mascarilla, le contestó con suficiencia el escribiente pasota, que siempre tiene que poner la guindilla. “¡Al que diga el presi!”, cortó en seco el segundo subdirector de casting de personajes. “Oki doki”, consensuaron todos.
“¿Qué hacemos entonces con el prófugo? ¿Lo mandamos a la isla del Diablo?”, le preguntó al Presidente el director general de argumentos, en reunión convocada de urgencia, con un primer boceto de guion en la mano. “No, hombre, que es amigo de la casa”, resopló el líder, negando con la cabeza. “Todavía si fuera a la isla de las tentaciones… Pero no, mejor dejadlo en Waterloo, que allí estará muy bien… ¡Es que lo tengo que pensar yo todo!”.
“Lo que tenemos que hacer es como un reality. Con muchos personajes entrando y saliendo, con jueces buenos y malos, policías, mozos de cuadra… y muchos giros de guion. ¡Frescura! Que sea un guion abierto para ir evolucionando sobre la marcha, según responda la audiencia, ¿vale? Eso que lo vaya mirando cada día el jefe de inteligencia”, detalló de un tirón la mano derecha del presidente.
“¡Bien pensado!”, aprobó el supremo, mirando a su mano derecha.
Se hizo un denso silencio, mientras los amanuenses de guiones tecleaban furiosamente en sus portátiles. “¿El jefe de inteligencia es el del CNI…?”, preguntó tímidamente una de las guionistas en la tercera fila. “¡No, mujera!, el del CIS”, le corrigió con rudeza la asesora de igualdad.
El presidente levantó una ceja, con una sonrisa congelada, como preguntando si quedaba alguna duda más, y girando la cabeza hacia la puerta.
“Una cosa más, presi…”, intervino el secretario estatal de relato, mandando parar el ruido de su tropa con un enérgico gesto de manos. “Entonces, ¿qué hacemos con Carlitos? ¿Qué pinta en todo esto”.
“Le decimos que le amnistiamos y luego ya veremos”, respondió el jefe con un punto de exasperación.
“Ya, pero es que habíamos previsto que fuera uno de los actores principales y así, la verdad, no lo veo…”, osó insistir el secretario estatal, ante la mirada horrorizada de sus adláteres.
“No te preocupes por eso…”, dijo el jefe relajándose con un gesto condescendiente. “Que salga en los carteles, que se haga un cameo por ahí, por Barcelona o donde prefiera. Y luego que desaparezca y se vaya tranquilamente a casa. Así estaremos todos mejor y nos apuntamos una cada uno”.
“Es que si después se enfada…”.
“Del programa para el otoño ya hablaremos a la vuelta de las vacaciones. Con esto mantenemos las audiencias para agosto y a mediados ya empieza la Liga…”, zanjó el gran jefe, camino de la puerta.
“¡Ah, sí, que viene Mbappé!”, exclamó entusiasmado el ujier, mientras sacaba de la sala a empujones a toda la tropa.
Y mientras, Carlitos, en su salsa. Visto y no visto.
/Julio Miravalls
