Viernes, 12 de julio de 2024


Dos carteles de seguridad en el solar del antiguo Hospital del Aire. /JM

Doble seguridad

La pasada semana llamaba la atención ese espartano cartel que aparece a la izquierda. Dice, sencillamente, "Luis Fernández Vigilante Arturo Soria", más un teléfono, un icono de 24 horas y una imagen que sugiere un perro con malas pulgas.

El recinto al que pertenecen esas puertas es el solar del antiguo Hospital del Ejército del Aire, que acaba de ser arrasado por las excavadoras hasta los cimientos del último edificio.

Lleva bastantes años abandonado, aunque con un servicio de vigilancia desde hace algún tiempo. Siempre había al menos un hombre en una especie de caseta a la entrada. Sólo queda la caseta. Ni rastro del hombre.

Parece que nadie en el barrio sabe qué va a ser de ese solar, donde cabría un campo de fútbol con gradas y hubo en su momento al menos cuatro edificios. Incluido un misterioso centro de investigación aeroespacial, de cuyos sótanos secretos uno podía fantasear que estuvieran llenos de siniestros cadáveres sometidos a ominosos experimentos, alienígenas o represaliados políticos.

Las excavadoras han profundizado unos cuantos metros en la tierra, dejando un profundo y extenso agujero en lo que fue ese edificio. Que, por cierto, en algún momento también albergó okupas. Probablemente por eso pusieron el anterior servicio de vigilancia.

Ahora ya, ni okupas, ni edificio, ni vigilante.

Pero volviendo al misterio del cartel (visto antes en otros solares de la zona), la pregunta es: ¿qué significa ese críptico mensaje? El vigilante no es real. Es decir, no se ve a persona alguna haciéndole honor al mensaje en el solar.

Desprende cierto aroma mafiosillo, de lumpen y bajos fondos. Da la impresión de encerrar alguna clave críptica para los amigos de colarse en terrenos que no deben a ver qué pillan. Suena a algo así como 'si te metes aquí, sabremos quién eres y te vas a enterar'.

Y ahora, para ahondar en el misterio, aparece esta semana el cartel, más formal y contundente, de una empresa de seguridad bien conocida. Este sugiere la instalación de cámaras y sensores, o alguien que hace una ronda de vez en cuando, para que el terreno entre en la categoría de "instalación protegida". Sin presencia humana habitual. Y sin que haya nada que parezca una instalación a la vista.

Nadie ha quitado el otro cartel, que apenas está enganchado a los barrotes por unas bridas de plástico. Algún servicio estará prestando, para que el solar vacío disfrute ahora de esa doble seguridad. /Julio Miravalls