Sábado, 29 de junio de 2024

Edificios empapados y niebla sobre las montañas acabando el mes de junio. /JM
Ocho días de verano
A 29 de junio, ocho días de verano ya, empiezan a echarse de menos esos calores que nos prometían los augures del clima. Incluso aunque fueran calores angustiosos. Con un abanico, un botijo y, a una mala, un aire acondicionado se pueden sobrellevar. Pero eso de que la sierra del Guadarrama se parezca a las montañas de Ruanda, donde Dian Fossey hacía amistades con los gorilas en la niebla...
A 29 de junio, a dos días de julio, con el personal despendolado por las carreteras en plena operación salida, es increíble ver los edificios chorreando por las fachadas como si estuvieramos en pleno invierno.
Nos falta un buen refrán para entenderlo. Si 'cuando marzo mayea, mayo marcea', ¿habrá que suponer que 'cuando junio noviembrea, noviembre tendrá que juniear'?
El tiempo está loco. Desde luego. Se ha debido contagiar de la locura obsesiva que nos tiene, desde hace ya demasiado tiempo, pendientes de los meticulosos hasta lo enfermizo pronósticos meteorológicos de cada día. Y eso que está plenamente demostrado que, finalmente, sólo los garantizan al 50%: puede que acierten, o no.
/Julio Miravalls
