Domingo, 2 de junio de 2024

1,73

Madrid está intransitable hoy por culpa de un señor bajito. Y no es por el alcalde. Que, el pobre, bastante hace sonriendo, aplaudiendo y organizando desde su corazoncito colchonero para que los blancos festejen.

No, la culpa es de un tío que mide 1,73, o 1,74 según quien lo diga. Y es el más bajito del equipo. O por lo menos de los que jugaron en Londres.

Ese 1,73 es lo que el Ejército atribuyó a este periodista cuando le tocó tallarse a los 17 años (con tiempo para crecer una pizca más; pero, con los años, también para encoger). Y no era de los bajitos en este país, cuya estatura media de los varones, según las estadísticas de la época, era uno sesenta y tantos. Desde luego, con 1,73, se veía en el metro y en el tranvía a poca gente más arriba y sí muchos más por abajo.

Pero ahora, que la estatura media de los españoles es 1,76, los que quedamos por debajo somos bajitos. Y mucho más los que juegan en un equipo profesional de fútbol en el que son mayoría abrumadora los bigardos originarios de otros países.

Que es, exactamente, lo que le pasa a Dani Carvajal, defensa del Real Madrid, que la lio ayer en Londres para que el corazón de Madrid sea hoy un caos, del Bernabéu a la Cibeles. Toda la espina dorsal.

Cualquiera que haya jugado un poquito al fútbol, aunque sólo fueran pachangas con amiguetes, sabe el placer que se siente al meter un gol. Y sobre todo, si es un gol de cabeza y todos los que te rodean son mucho más altos.

Probablemente, eso es lo que hizo más feliz a Carvajal en Wembley y más o menos a media España: meterle un golazo de cabeza a esa panda de grandullones que le rodeaban.

Que con eso se rompiera el partido. Que definiese de manera inexorable el camino a la victoria del Madrid en la final de la Copa de Europa (llámenla Champions, si quieren: es la última con ese formato)… todo eso, seguramente, sería lo de menos. Carvajal ya está acostumbrado a ganar títulos europeos como si tal cosa. Seis. Pero meter goles de cabeza… ¡hombre! Eso sí que es para revolcarse de gusto desde su 1,73.

En fin, qué envidia. /Julio Miravalls