Domingo, 5 de mayo de 2024


Gradas del 'nuevo' Chamartín, en el Madrid-Cádiz de ayer. /JM

El nuevo viejo Chamartín

En los primeros años 60, cuando este periodista era un crío, los dos equipos de fútbol más poderosos de Madrid prácticamente convivían a una distancia que se podía hacer caminando sin gran esfuerzo. Desde la calle Reina Victoria, donde estaba el Metropolitano, hasta la Castellana, donde estaba Chamartín, podían ser unos 20 minutos a buen paso. O poco más.

Vivir en Estrecho era como estar a mitad de camino entre ambos recintos.

Evocar esos nombres son ya recursos de viejo periodismo deportivo. Aunque, en cierto modo, no del todo: el Atlético ha recuperado el primitivo nombre para su nuevo estadio, por más que el nuevo periodismo deportivo deguste denominaciones comerciales con fecha de caducidad, como [un pez llamado] “Wanda” y el “Civitas – civitatis”, que aprendíamos en latín. O es algo parecido.

El caso es que hay gente que cuando va al campo del Atleti se hace un lío y ya no tiene muy claro a dónde va. Sólo queda establecido que no está al lado del río, ni le pasa por debajo la M-30, así que no es “el Manzanares”. Ni el Vicente Calderón.

Es como cuando se empeñan en cambiar los nombres de las calles y resulta que la famosa Capitán Haya de las lumias ahora se ha convertido en un poeta. Así no hay quien se aclare para andar por Madrid. Menos mal que no somos tantos los de aquí de toda la vida. Eso dicen.

Quizás a los que van al campo del Madrid les pase algo parecido. Bajas por General Perón, si es que no le han cambiado también el nombre, y te das de bruces con un masivo artefacto de aluminio fulgente, tan alto como un edificio de 15 pisos. Algunos lo llaman la fiambrera y a otros se les ocurre que parece una… Bueno, mejor sin dar ideas.

Es tan enorme que hasta se puede ver nítidamente desde la Gran Vía, desde alguno de los pisos altos donde empresas tecnológicas suelen organizar eventos.


La mole del nuevo Chamartín, a la derecha, emerge entre los edificios, en la 'línea del cielo' que se ve desde Gran Vía. /JM.

¿Qué fue de aquel recinto que, aunque ya era grandote, seguía pareciendo una valla alta para que no se viera el césped desde fuera?

Mirando por las rendijas de algunas puertas, ya cerradas, sí que se veía un poco el verde y los chavales menos atrevidos para escalar por la fachada (era posible) se hacían la ilusión de ver jugar al Madrid ye-yé de los Amancio, Pirri y el incombustible Gento. Se enteraban de todo escuchando el rugido de las gradas.

Entonces, allí cabían hasta 120.000, la mayoría de pie. Ahora, con tanta ampliación, sólo caben dos tercios de aquella masa. Casi todos con cámaras en los móviles, para hacerse la ilusión de que están viendo el partido desde dentro del estadio.

Con los años pusieron todo asientos, torres de escaleras en las esquinas, para que la hinchada suba y baje, y un centro comercial para hacer las compras.

Recubrimientos sobre cubrimientos… y, así, todo va cambiando hasta llegar a lo de ahora. Se puede subir en ascensor.

Lo que sigue igual es que la gente se amontona para entrar y la calle Concha Espina se convierte en un imposible parking de autobuses.

Hay que confesar que había cierta curiosidad por ver por dentro en qué se ha convertido el reconstruido Bernabéu, que todavía se llama así.

Y esa curiosidad casi pudo ser satisfecha este sábado. Aunque la cosa acabó en una decepción. Desde los palcos VIP del segundo anfiteatro (a este periodista le tocaron un par de entradas por sorteo), no se ve ni el techado retráctil ni el famoso “videomarcador 360” recién estrenado.

Si el presidente del Madrid quisiera escucharlo, cabría recomendarle que por lo menos baje ese marcador al anfiteatro inferior. Total, ya se ha pasado de presupuesto...

A ver si así lo divisan todos los asistentes, para que se puedan hacer la ilusión de que van al estadio a ver el partido en la pantalla “más alucinante” del mundo del fútbol.

P.S.-Por cierto, no jugaban ni Pirri, ni Amancio, ni Gento, sino unos muchachos que al parecer son ahora los suplentes de aquellos. El Madrid ganó al Cádiz y dos horas después era campeón de liga. Discúlpese la falta de detalles. Uno va a lo que va. /Julio Miravalls