Martes, 16 de abril de 2024


Un equilibrista hace su número aprovechando que el semáforo detiene el tráfico en una calle de Madrid. /JM

El mundo en un equilibrio

Son 15 segundos. Quizás 20, si el semáforo está en ese ciclo largo que desespera, por turnos, al del volante y a los que quieren cruzar. Mucho menos de medio minuto, seguro, para el que pretende convencer por todo lo alto de que se merece una moneda.

Y en realidad es probable que no. Que no se la merezca, como artista. No le contratarían en el circo. La mitad de las veces se le cae un bolo, o la pelota deja de sostenerse sobre la cabeza. O se cae él mismo del monociclo y tiene que hacer una monería, para fingir que es parte del espectáculo. El momento cómico.

Pero, en ese caso, habrá perdido seis segundos en bajar bruscamente y volverse a subir al pedestal. Ya apenas le quedan nueve para poner en movimiento todos sus artilugios y volver a bajar, esta vez bien, a tiempo de recoger el gorro y pasarlo ante los tres primeros coches, que siempre tardan un poco en arrancar. Les desconcierta el cambio de luces. Dudan si ya se ha retirado el saltimbanqui de la calzada y no han de temer atropellarlo.

El primer conductor quiere salir corriendo. Los que están más atrás se impacientan y pitan. El del segundo coche se azora y acelera. No quiere que le piten a él. El tercero no vio nada, estaba mirando un WhatsApp.

Y ya se agotaron los 15 segundos en verde para los coches. Todavía otros dos pisan el acelerador para apurar, cuando vuelve a lucir el rojo.

Vuelta a empezar la cuenta atrás. Los dos que pasaron rezagados han robado un par de segundos al equilibrista. Otra vez arriba, sin caerse, a ver si esta vez sale el número entero. A ver si da tiempo a recoger y pasar el gorro a los dos que no se atrevieron a burlar antes el rojo y ahora, en primera fila, miran al cielo con cara de fastidio...

Claro que, puede que, si miraban arriba, estos sí se fijaran en él, un metro por encima del asfalto, equilibrando su mundo en el monociclo. Quizás, por vergüenza, esta vez caigan veinte céntimos en el sombrero. /Julio Miravalls