Miércoles, 31 de enero de 2024

Pedro Sánchez.
Disolución general en las Cortes
¿Saben aquel que diu…? Oye, nano, que el 8 de junio es día de elecciones… Bueno, ¿y qué? Si son para las europeas. Pues eso, nano, elecciones para las europeas y para todos nosotros…
¿Qué no tiene gracia el chiste, pronunciado a la catalana estilo Eugenio? Pues miremos el calendario, porque la cosa tiene menos gracia todavía si estimamos que, para una convocatoria anticipada en España, no podrían disolverse las Cortes hasta que haya pasado un año desde la anterior convocatoria, según manda la Constitución. Y estamos ahora mismo para esos trotes...
No existe la posibilidad de que Sánchez tire por la calle de en medio, tras la colleja de Puigdemont en el Congreso, y convoque de repente a las urnas a la par con las europeas (así los mensajes se mezclan y combinan mejor en plan institucional). No cuela, qué disgusto.
El Artículo 115.3 de la Constitución deja una duda al inexperto en leyes: ¿se refiere a la fecha de la anterior disolución, o a la de la celebración de las últimas elecciones?
El texto dice así: No procederá nueva disolución antes de que transcurra un año desde la anterior, salvo lo dispuesto en el artículo 99, apartado 5. (La excepción se refiere a que tras unas elecciones se agoten los plazos sin que se produzca la investidura de un primer ministro y haya que repetir votaciones).
Entonces, si ha de transcurrir un año desde la última disolución de Cortes, que ocurrió el 29 de mayo del año pasado, podría volver a ser a partir del 30 del próximo mayo, jueves por más señas. Y la fecha para votar, tal vez, el domingo 28 de julio. Con casi la mitad de los españoles preparando las maletas para agosto y casi otros tantos en operación retorno.
¡Qué momentazo!, ¿no? Así solo votan los convencidos que no tienen otra cosa en que pensar. Es una idea.
El asunto es que, tras el batacazo gubernamental de la amnistía en el Congreso, que no se ajustaba a la talla del prófugo y sus muchachos (¿qué sastre desastroso se ocupó de tomar las medidas?), las urgencias se multiplican y el margen de maniobra para los maniobreros es más estrecho que una plaza de aparcamiento en un viejo garaje con columnas.
Al gobierno de Sánchez se le pone difícil la Unión Europea. No tiene tan claro que le den por bueno el desempeño de los fondos que le han regado y la presidenta Von der Leyen tendrá que andarse con pies de plomo para ponerle ahora ojitos, con sus propias elecciones a la vuelta de la esquina. También corre el riesgo de que le den un eurorevolcón a su generosidad amnistiadora. Y eso, cuando algunos dicen que su sueño dorado es irse a Europa de aquí a poco más de seis meses, como presidente del Consejo de la UE, es más que un revés.
Por otra parte, si no traga con lo que le eche Puigdemont durante el próximo mes, hasta que pueda replantear la gracia en el Congreso, Sánchez se va a encontrar con una parálisis gubernamental casi total, incapaz de sacar los Presupuestos Generales, que es con lo que más manda, y con una bola de vergüenzas y oprobios que solo puede ir creciendo mes a mes…
Se mire por donde se mire, es una encrucijada en la que la única solución a la Sánchez sería dar un sonoro portazo a los independentistas, convocar elecciones en cuanto sea posible (o sea, en julio) y presentarse, con un nuevo capítulo de su manual de resistencia como programa electoral, anunciándose como “el hombre que no se plegó a las exigencias del insaciable expresidente fugado que declaró una independencia ilegal de Cataluña”.
Dicho lo cual, sus agiógrafos y palmeros elevarán su perfil de estadista, mientras decenas de pesoistas en busca de empleo (o puertecita giratoria), contarán que ellos vieron “naves arder más allá de Orión”. Aunque, tal vez con un suspiro, algunos deberán añadir que todo lo que vivieron a bordo del Peugeot de Sánchez ahora se perderá “como lágrimas en la lluvia”.
En la política española el futuro no depende de disolver las Cortes. Todo es ya disoluto. Está todo disuelto.
/Julio Miravalls
