Sábado, 14 de octubre de 2023

Seis opciones para la solidaridad, vistas en el aeropuerto de Riga. /JM
La solidaridad bien entendida...
El hombre de la calle está acostumbrado a que le pidan dinero hasta por respirar. Lo que cuesta la comida, la hipoteca, el precio de las cosas que compra, el precio de los servicios, los impuestos, las propinas (no en todas partes voluntarias) y las peticiones de ayudas, lismosnas y causas solidarias.
En un pasillo del aeropuerto de Riga, Letonia, se puede ver esta sencilla mesa petitoria, una bandeja en realidad, con seis apelaciones a la solidaridad, cada una para una causa bien distinta.
La primera, empezando por la izquiera es una llamada para ayudar a la educación de los niños. La segunda, para llevar comidas calientes (400 al día, dice) a refugiados de guerra en el centro de apoyo de la capital letona. La tercera urna pide dinero para un refugio de perros y gatos en espera de adopción. La cuarta apela a colaborar con un proyecto para preservar la naturaleza del país. La quinta, es para ayudar a los niños necesitados y sus familias. Y la sexta, por último, para ayudar a niños huerfanos a encontrar una familia.
No es posible determinar a ojo de buen cubero el valor de las aportaciones depositadas en cada uno de los seis receptáculos. La mayoría de los billetes son de países para nosotros exóticos, muy pocos euros o dólares a la vista, y las monedas son calderilla.
Pero no hace falta ser un fino observador para detectar cuál de las seis opciones estimula la solidaridad con mayor frecuencia. La cantidad de óbolos (aún sin poder determinar su valor) en una de ellas es notablemente mayor que en el resto.
En la tercera, por si alguien no lo ve claro.
La bandeja que pide para los animalitos de compañía despierta más gestos de donación que cualquiera de las otras. Su montón de dinero abulta mucho más. Ni niños, ni refugiados, ni huérfanos, ni la naturaleza...
Tal vez sea un puro asunto de marketing. La mirada triste, directa e inquisitiva del perrito (cuando un chucho gira así la cabeza siempre parece estar preguntando algo...) es incuestionablemente un llamamiento mucho más poderoso que los iconos y mensajes figurativos de los otros peticionarios.
Aparte de eso, los humanos somos así. La solidaridad bien entendida es más fácil que empiece por un inocente animal de compañía, que siempre despierta más ternura que la mugre de las miserias humanas. /Julio Miravalls
