Martes, 22 de agosto de 2023

El beso de Luis rubiales a la futbolista Jenni Hermoso.
Luis Rubiales
Puede mirarse al espejo, ponerse un poco de perfil y lanzar una risotada maligna: es el perfecto villano para una película de serie B. Un draculín de guardarropía, que cada vez que surge en público debería comprar lotería, porque seguro que ha pisado alguna boñiga maloliente.
Luis Rubiales es un personaje raro. O, mejor dicho, una perfecta representación del tópico jugador de fútbol, al que se le atribuye ignorancia, tosquedad y escasa habilidad para desempeñarse por la vida, más allá de dar patadas y cabezazos. Encima, como futbolista que fue, no pasó de un papel mediocre. Fue un defensa alejado de la élite y de los grandes contratos. Pasó levemente por Primera división tres años, en el Levante, y el resto fue una carrera, como mucho, de segunda. Incluyendo una breve pasada por la liga escocesa, donde jugó cuatro partidos con el Hamilton y se retiró.
Sin embargo, Rubiales sí es un hombre de carrera. Abogado, por más señas. También hizo carrera como sindicalista balompédico, presidiendo la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), desde 2010 (cuando dejó de jugar) hasta 2017. Les montó una huelga de jugadores a los clubes en 2011 y estuvo a punto de liar otra en 2016.
Un año después vio camino hacia la Federación Española de Fútbol y se convirtió en su presidente en 2018. Lo cual ya da idea de que sirve para un roto y para un descosido. Sindicato o suprapatronal, da lo mismo.
Por eso sirve también ahora de pim-pam-pum, para distraer al personal un poco de la política, que anda algo enquistada con la carrera por ser el último en apoyar una investidura. Que es el puesto que se llevará el mayor premio.
El caso es que, en la Federación, se cambió al polémico Ángel María Villar por el no menos polémico Luis Rubiales, que ya se ha dado a conocer por algunas maniobras extravagantes o sospechosas.
En 2018, a dos días del Mundial de Rusia, se cargó al seleccionador, Julen Lopetegui, al anunciarse su fichaje por el Real Madrid para la Liga siguiente. Como si eso fuera motivo para que el entrenador no se tomará en serio la disputa mundialista. España, de la mano de urgencia de Fernando Hierro, hizo un papel bastante ridículo. (Quizás con Lopetegui no hubiera sido mejor, pero eso nunca se sabrá).
El año pasado tuvo otra buena escandalera cuando se supo de sus amoríos comerciales con el entonces jugador en activo del Barcelona Gerard Piqué, con espectaculares comisiones por llevarse incomprensiblemente a Arabia la disputa de un campeonato español, la Supercopa. Hubo movimiento y trinque de mucho dinero, si bien nadie acusó a Rubiales de haberse llevado una parte. Pero sí tuvo mucho rollo con grabaciones publicadas luego, en las que se le olían afinidades y querencias impropias de un líder federativo, aparte de los intereses del negocio.
Y ahora, en el clímax, de su presidencia, se lleva los focos por el beso. Las fubolistas españolas ganan el Mundial femenino y el presidente de la Federación, que también tiene cargos internacionales, le atiza un morreo en público a una de ellas durante la entrega de trofeos.
Sobre el beso ya se chapotea entre opiniones de todo tipo -aunque con clara mayoría de las que lo ponen de machista y agresor sexual para arriba- y este periodista no tiene nada que añadir. Ni a favor, ni en contra. Si acaso, dos preguntas, por falta de datos: ¿Por qué sólo a una de las jugadoras? ¿Había alguna confianza para que se sintiese autorizado...?
Pues qué más da. Dado el modo en que ha ocurrido todo, Rubiales, seguramente inteligente (o al menos listo) tendrá que mirarse en el espejo, soltar la risotada y confesarse que ha vuelto a meter la pata. Que ha estado fuera de lugar y que ha representado perfectamente el tópico papel de futbolista, ignorante, grosero, baboso, machista y... Algunos hasta acaban en la cárcel por esas cosas.
A estas alturas ya debe saber el susodicho que da mala imagen, que en general no cae muy bien, y que le van a brear al menos durante un par de semanas. El año que viene tocan elecciones en la Federación. Tal como vienen dadas, es posible que el villano besucón Rubiales ni siquiera llegue. Hacerse famoso en España es un hito que no suele tener mucho futuro. Y éste prenda se lo gana a pulso: que se mire los zapatos y corra a comprar lotería. /Julio Miravalls
El picotazo de la abeja
Post scriptum (27/08/2023)
Cuando la abeja pica, le cuesta la vida. Se deja el aguijón y muere. En este caso, el 'pico' ha dejado en coma al autor, por obra de la FIFA que lo inhabilita tres meses. Probablemente no será el último episodio del culebrón Rubiales-Hermoso, pero después de tanto ruido, tantas opiniones variopintas y tanta excitación será de agradecer que afloje un poco y la semana que empieza mañana busque otros 'trending topics'.
