Estilos

 Martes, 8 de agosto de 2023


Joaquín Leguina /PP Madrid, CC BY 2.0 , via Wikimedia Commons.


Joaquín Leguina

Tiene currículum socialista de largo. Fue el primer presidente de la Comunidad de Madrid, en nombre del PSOE, y mantuvo el cargo 12 años, de 1983 a 1995. Fue derrotado por el PP de Ruiz-Gallardón y la presidencia madrileña no ha vuelto a la órbita socialista. Incluso ha caído a la tercera posición en la región, por algo será...

Pero no será por él, por Joaquín Leguina, apartado hace mucho tiempo de las posiciones activas del que fue su partido y que ahora lo mira como si se hubiera vuelto un facha peligroso. Incluso lo expulsaron, junto con otro histórico de la Transición, Nicolás Redondo, en 2021, tras una clamorosa derrota del PSOE en las anteriores elecciones regionales madrileñas, a mitad de legislaura. Había que cortar algunas cabezas y les tocó a dos jubilados.

Lo peculiar de Leguina es que no se calla ni debajo del agua y sostiene ideas que se descuadran del breviario oficial de su ex partido. Es probable que su propio ideario haya evolucionado algo (ya no son los tiempos de cuando le pilló en Chile el golpe de Estado contra el revolucionario Salvador Allende), pero lo seguro es que no ha seguido al pie de la letra los "cambios de opinión" del actual líder en funciones del PSOE.

En general, tener opinión propia y sostenerla no suele funcionar del todo bien para ser persona pública vinculada a un partido político. Y, obviamente, cuando los partidos se hacen monolíticos, la cosa solo puede acabar mal.

De los pecados que le puedan imputar a Leguina sus antiguos correligionarios (los que siguen en el machito porque han mudado o se ha acomodado con la deriva de su religión) el peor es que incluso censure el nuevo catecismo.

«Acepto que la mano del hombre puede estar contribuyendo a calentar el planeta. Pero otra cosa es inculcar el terror a la población omitiendo los datos históricos», escribe Leguina en un incendiario artículo publicado en el Subjetivo la pasada semana.

Y, claro, lo acusan desde el margen izquierdo de llevarse mejor con el enemigo, con la derecha. Con el PP, donde le invitan a disertar. Un traidor (aunque disertar no es lo mismo que desertar). Cualquier día, incluso, desde Ferraz lo convertirán en quintacolumnista de Vox. Suerte tiene de que ya no se quema a los herejes en la plaza pública...

¿Cómo va a hacer amigos, así, si encima recalca esa clamorosa afición periodística a convertir la predicción del tiempo en una amenaza cotidiana insuperable?: «...periodistas de todas las televisiones ofrecen crónicas de urgencia sobre el supuesto apocalipsis que se nos está viniendo encima».

Joaquín Leguina tiene la particularidad de poseer conocimientos de estadística, ganó una oposición al INE de lo que hoy sería un puesto de 'estadístico superior', lo que significa que sabe mirar los números y ponerlos en relación. Eso lo hace más fiable, cuando opina, que los berridos de cualquier iluminado que se une con pegamento a una obra de arte a la propia carretera, exigiendo "salvar el planeta". (Inciso: al planeta le tienen sin cuidado los cambios contínuos y seguirá su camino con o sin seres humanos. Lleva 4.500 millones de años cambiando el clima, las estructuras geológicas y la fauna y flora. Pregúntenles a los dinosaurios).

Pero decir las cosas que dice Leguina, tan clarito y tan contrarias al markéting político que ahora vende, sólo puede llevarle a ese calabozo virtual en el que los líderes del momento tratan de encerrar a quienes piensan y hablan diferente. Lo de menos es, a fin de cuentas, si tienen mucha, poca o ninguna razón. ¿Cómo vamos a discutir las verdades reveladas...? /Julio Miravalls