Viernes, 4 de agosto de 2023

Foto JM
La sombra del desfiladero
A los chicos [y chicas, ¡qué caramba!] del tiempo los tiene perdiditos esa deliciosa sensación de protagonismo que les da la obsesión colectiva por hablar del tiempo y que les coloca en portadas y prime time. Hace calor, qué horror, como nunca, viene frío horrible, ventarrones, inundaciones, sequías... Lo que sea, en plan de amenaza apocalíptica, hasta el límite del ridículo y más allá.
Esta semana que se acaba se ha podido escuchar que las temperaturas en España iban a sufrir una "brutal caída", de hasta 10 grados, de un día para otro. Lo cual, en entendederas normales, significaría pasar de los treinta y muchos a unos casi deliciosos veintibastantes grados. Todavía calor, pero agradecido después de los últimos días. Y, claro, como eso no asusta tanto, el mensaje siguiente es que después del alivio llegará otra tanda de calores fortísimos, una tormenta con nombre propio y algunos otros desastres casi mortales de necesidad, para que todos puedan degustar con fruición el sintagma "cambio climático", que les da un terrorífico gustirrinín.
Mientras tanto, la población se alivia a su manera y encuentra un uso práctico a esa estúpida marquesina de autobús que convierte una calle relativamente ancha en un angosto desfiladero. No caben dos personas juntas, ni un paraguas abierto cuando toca, y si se cruza gente en direcciones opuestas más les vale ponerse de perfil, como en los grabados egipcios.
¡Ah!, pero a la sombra del desfiladero parece que se está algo más fresquito que debajo de los cristales. Y durante todo el verano se repite la imagen de ese abigarrado refugio. Lo cual, por cierto, corta definitivamente el paso a los caminantes. Cosas del calor. /JM
