Jueves, 13 de julio de 2023

Pedro Sánchez, en televisión.
DIARIO DE CAMPAÑA (7)
Chapotear
El idioma español está plagado de frases hechas, sintagmas epitéticos que salen solos, fluidos y cargados ya de su propia semántica. Algunos sencillos como la blanca nieve y los incendios siempre pavorosos. Otros son más amplios y susceptibles de segundas lecturas. Por ejemplo chapotear en el barro. O, más escatológicamente, en una sustancia marrón y maloliente.
Pero, cosas de la política, ese "chapotear" en la sustancia que cualquiera elija está a punto de adquirir una nueva carga semántica. Démosle las gracias al mayor genio del márketing político, el llamado Pedro Sánchez. El actual primer ministro en funciones ya tuvo la gracia de engrandecer la imagen de Podemos y su combustible líder (ya quemados ambos, la formación y el líder), para sentarlo con todos los honores a su mesa (del Consejo de ministros). También hizo crecer a Vox, nombrándolo hasta la saciedad, para tener un buen enemigo al que etiquetar a su gusto (dicen los maquiavélicos que un hombre vale tanto como lo que pesen sus enemigos). Y últimamente le ha hecho la campaña a Sumar, para tener una muleta rubia en la que apoyarse si llega el caso.
Su última hazaña propagandística ha sido elevar la anécdota a categoría. Si alguien no había oído el "¡que te vote Chapote!", ya se encargó Sánchez de repetirlo una y otra vez, con tono lastimero, en su tenida televisiva con Feijóo, para implorarle una condena. Tanto insistió y tanto hizo ver que le hiere la gracieta, que ha conseguido su máxima difusión y que sea tema del día, con las víctimas del terrorismo etarra, asociaciones y particulares, tomando partido, como exigía Celaya. "Partido hasta mancharse". Quizás es la estrategia para que se deje de hablar del debate. Pero si ahora se lo cantan en todas partes -rima y es pegadizo-, y le pica, ya podrá apuntarse el tanto de haberlo dado a conocer urbi et orbe él mismo.
Claro que, como esto del marketing subliminal tiene tantos recovecos, igual oculta un mensaje de Sánchez para los suyos: que chapotear no está tan mal, que es divertido pringarse de lo que sea, como hacen los niños en cuanto se los deja sueltos. Desdramatizar los probablemente imprescindibles apoyos de Bildu, que también aprovecha a hacerse la ofendida, si tiene alguna posibilidad de seguir acaudillando.
Tal vez sea un truco para que en la segunda semana alguno de sus afines lance un lema frívolo, atrevido, burlón y con rima: "¡Vote, hágase un Chapote!".