Martes, 11 de julio de 2023


Los candidatos Sánchez y Feijóo, durante su debate en Atresmedia en la noche del lunes.

DIARIO DE CAMPAÑA (5)

Esto no es un deporte

Chirría en la barra de sonido del televisor el crujido de las corazas de hojalata, frotándose con frenesí, mientras los contendientes juegan a interrumpirse mutuamente. Curiosamente, el que lleva todavía fajín de campeón (como primer ministro en funciones), trató de embarullar el doble de veces lo que decía el aspirante, según las metódicas cuentas que ha controlado la prensa. Si fuera boxeo, los abrazos de Sánchez para contener los golpes de Feijóo fueron el doble que los de este al primero. Lo cual habría supuesto que el referee le habría regañado el doble de veces gritándole "¡clinch, clinch...!". En este caso, los árbitros se conformaron con presumir del conteo de segundos en el uso de la palabra -no siempre audible- de cada uno, ejecutado por cronometradores profesionales de baloncesto.

Pero, a fin de cuentas, esto del debate no es deporte. Por eso, aunque fuera lo más visto de la TV anoche, tampoco la audiencia fue arrolladora. Dicen otras cuentas que ha sido el debate con menos espectadores de todos los tiempos. Habría hecho falta usar el VAR futbolero, para repetir a cámara lenta las patadas por debajo de la mesa y las meteduras de dedo en el ojo. Como cuando Feijóo atizó su golpe estelar, proponiendo un compromiso para que gobierne la lista más votada. Sánchez se hizo el sueco y sólo le faltó reclamar una tarjeta amarilla, acusando al contendiente de jugar con ventaja, ya que todos están bastante de acuerdo en que el PP tendrá más votos y ganará las elecciones. El reconomiento tácito fue el uso del campeón en funciones de su minuto de oro, que en vez de dedicarlo a proponer un luminoso plan de futuro, lo aprovechó para amenazar con un siniestro túnel del tiempo si gana el otro.

Lo más curioso, el día después, es que ni siquiera las crónicas de los medios más afines se han atrevido a proclamar el triunfo de Sánchez, como suele ser costumbre admitida en los usos de los debates: a cada contendiente siempre le atribuyen la victoria los suyos. Si el campeón juega claramente a la defensiva, para conformarse con empatar a cero, es frecuente que salga derrotado, aunque sea por un sólo gol. Pero, como esto no es fútbol -pese a la proliferación de hooligans violentos- tampoco se puede predecir si el gol definitivo acabará marcándolo algún otro equipo. Aunque sea en propia meta, en la portería del campeón en funciones.